Uno espera muchas cosas del día de Año Nuevo. Sobre todo, al despedir el año con la última uva dentro de la boca y brindar. Ese rito pagano tan sagrado de despedir un año con la esperanza de que el siguiente será mejor o, al menos más emocionante. Pero con la desilusión de la primera noche frustrada, uno no sabe si es que el destino le está jugando una mala pasada.
Esta mañana, al despertar, me he encontrado de bruces con un año nuevo y la sensación de haber dejado incompleto el anterior, con la sensación de haber entrado en 2008 como si fuese un mero apéndice de 2007, un sin sentido acompañado de un sueño en el que nuestra tradición judeo-cristiana me hacía rechazar el placer que se posa en un instante por el dolor que dura para siempre. Una disyuntiva que Wilde ya se hacía hace un par de siglos.
Y ante la sensación de haber pasado tan sólo unos segundos desde la obra de Wilde, he buscado las causas. Y es que siento, en el fondo, que los mejores años de nuestra vida están pasando y que la chispa de la vida cada vez se convierte inevitablemente en una continua resaca de tópicos y monotonía. Quizá por eso, buscaba anoche la respuesta a muchas preguntas bebiendo de la botella de champán, esperando que en el fondo, tras las burbujas de purpurina dorada estuviese esa respuesta escrita en el fondo en lápices de colores.
Sí, era yo ese que caminaba anoche con esa botella en la mano por Tenor Fleta, animando a la gente a matar a Fluvi (Kill Fluvi!). Ese mismo que al mediodía, con más horas soñando que de sueño, ha sido consciente de que es uno de enero y se ha deshecho de los calendarios de 2007 con la sensación de haberlos tirado inacabados.
No ha sido hasta la tarde cuando, recordando lo de anoche, alguien me ha comentado que había experimentado la misma sensación que yo he tenido esta mañana al levantarme y saludar al 2008. Y entonces han sido unos versos de los Celtas Cortos los que me han recorrido la memoria: "Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado".
Más tarde me he encontrado con un vídeo en YouTube que me ha abierto los ojos y me ha ayudado, sobre todo, a valorar las pequeñas cosas de anoche. Y es que la Nochevieja ya no son los fuegos artificiales que eran antes, ni tampoco esa noche mágica e ilusionante. De hecho, llevo una semana esperando a que acabe la Navidad porque no le encuentro ningún sentido. Quiero compartir este vídeo con vosotros como felicitación de Año Nuevo. Porque, al fin y al cabo, la Nochevieja no es más que la esperanza de que el nuevo año sea mejor.
El gordo, 06.381. Muy repartido, eso sí. Entre otros sitios, en Alcañiz. Y yo que jugaba el 14.781. 6 euros al euro por las dos últimas cifras del Gordo. Total, 30 euros, ya que sólo jugaba una participación de 5 euros...
Quien se ha pegado tres horas y pico en directo ha sido Chorche, que ha retransmitido el sorteo en su web. Total: nada. El 00420 no ha conseguido nada y la incógnita de sus despertares a las cuatro y veinte minutos de la madrugada queda todavía sin resolver.
Jugué 64,10 euros y he ganado 30. Lo cual quiere decir que he recuperado el 46,80% de la inversión realizada. He perdido 36,10 euros en lotería, es decir, una noche de farra... ¿Por qué si todos los años pasa lo mismo seguimos jugando?
Cuajo de cabra gratinado con lágrima de frambuesa sobre una gruesa capa de fiesta de verduras acompañado de cuajo dulce envuelto en finas tiras de pork con ramita de hinojo y txirimiri de piñones.
Al final, nada. Nos vamos a quedar con las ganas de ver nevar en Zaragoh2no!za. Que toque en un sitio o en otro son cosas del azar. Pero las condiciones para ello estaban ahí... De todas las maneras, aún estamos en alerta (amarilla ya). Pero, incluso Chorche en Purnas ya ha perdido la esperanza. En algunos lugares, y no muy lejanos, la nevada ha sido fuerte:
Nacional 2 cortada en El Frasno y Calatayud. Cadenas en Monrepós y circulación dificultosa en Fuendejalón, Gallur, Magallón y Malanquilla. Mirad las horas: subiendo desde Teruel... ¡Se acerca! ¡Se acerca!
Lo que ayer era un nivel amarillo hoy es un nivel naranja. Estamos esperando la nevada. Y no es una parida mía, como decían ayer. Hasta el Hay Untamientose ha puesto manos a la obra con sus 60 toneladas de sal y su quitanieves. Eva Berlanga ya lo ha dicho hoy en Aragón Noticias. Tres días llevo dicíendolo yo y ella se ha esperado a hoy, cuando era inevitable la nevada y poco arriesgado dar esa información. Así también yo soy meteorólogo... ¡Qué ganga, Eva Berlanga!
Recordemos una imagen de nevadas anteriores en la capital (en concreto, el pasado 20 de marzo) para ver lo que puede pasar mañana por la mañana:
Y sin embargo, sequía. Ya me dirán cómo vamos a garantizar el consumo de agua de Gran Scala.
Domingo, resaca, tedio, fútbol. Comida con los amigos en un restaurante barato del barrio. De los de las películas de Landa y Esteso. Tema de conversación, Gran Scala. Dos a favor, tres en contra. Diego fue el otro día al Consejo de Ciudad representando a JuveLino con una camiseta de Expo No. Allué, la concejala, se puso justo delante de él para taparlo en la foto. Risas.
Reunión, coca-cola (no estaba el cuerpo para birras) y tumbada frente a la tele. Camera cafe y Aída. Y muchos anuncios. Desde que descargo las series por internet ya no sé lo que son los anuncios. Me joden más que de crío. El pobre Fidel es la viva imagen del adolescente marica: está enamorado de su colega, pero él anda siempre detrás de las chicas y le ha convertido en su confidente. Historias familiares. El 65% de los maricas que han salido del armario en la escuela sufren violencia. El 31% de los varones escolares se cambiarían de sitio si supiesen que su compañero de pupitre es gay. Sólo un 10% de las chicas. Mañana lo contará el Público.
Me levanto, bebo agua. Tengo sed. Es lo que tiene la resaca. Pero en los ríos urbanos hay más cocaína que ibuprofeno. Tranquilos, habría que beber 100.000 litros para notar los efectos. Pero también llevan éxtasis, antibióticos, antinflamatorios y otros medicamentos como el Prozac. Fabulosa mezcla. Quizá, por eso, cada día estamos más locos. A nadie se le escapa que lo peor de las drogas es mezclarlas.
Oigo a Xisca en La Transversal. El único programa que mola de la radio oficial ejpanyola. Se hace de noche. Ayer dije en la radio que mañana podría nevar porque llevamos unos días de frío y había perturbaciones por el sur. Se me rieron. Hoy lo he vuelto a comentar, me han dicho que eran idas de pinza mías. Lástima que horas después, el INM ha dado alerta amarilla por nieve con espesores de hasta 4 centímetros en el Valle del Ebro. Eva Berlanga, por supuesto y como siempre, no ha dicho nada.
Yo también he ganado un vuelo de Público. Bueno, uno no, dos. Dos ida y vuelta. Para mí que esto está trucado y tocan todos.
Hay un tema del que me gustaría hablar desde hace tiempo, pero no me apetece. Lo dejaré para más adelante, seguro. Al fin y al cabo cada día soy más esto y me doy más asco a mí mismo. Me he vuelto un cultureta, quizá sea el folk. Habrá que volver al trabajador inmigrante para deshacer el hechizo. O quizá volver a mirar hacia América, aunque sepa que nunca la voy a ver. Al menos desde aquí.
Odio a Calamaro tanto como a Carlos Goñi. Lo digo por lo de la Honestidad brutal. No es casual.
Sí, señores. En menos de 48 horas voy a estar en Corcaigh, en Cork City, Ireland Republic,... Y la verdad es que aún no me he hecho a la idea. Sigo aquí, en Zaragoh2no!za, en un prolongado post-pilar en el que todavía no he vuelto a trabajar. Por eso, Corcaigh va a ser para mi un punto y a parte en este momento de mi vida.
¡Alla voy Corcaigh! ¡Preparen las Guiness y los tréboles!
Un mes sin publicar es mucho tiempo. Y creo que el Blog Stop ya ha llegado a su fin. Con razón dije en su día, que más temprano que tarde, volvería a afilar el lápiz y a cargar tintas en este proyecto que va camino del segundo año de vida.
Hoy estaba ojeando el Cipaj de Noviembre y me he encontrado la fotografía que acompaña a estas líneas y que ya había salido publicada con anterioridad en el mismo medio. Creo que el que está con la guitarra, al lado de Martica -la chica que toca la guitarra-, tocando soy yo. Está claro que el que está con el djembé es Isaac y que, quien le acompaña es María "la fata".
Primero de carrera es primero de carrera. Sí, se recuerda con cariño. Hoy, seis años después, ver esta fotografía a uno le hace recordar muchos momentos. El primero, el día que se inmortalizó aquel momento. Era un encierro en apoyo de una profesora que iban a echar a la calle por ser psicóloga para contratar a otro profesor, enchufado, sociólogo, que no tenía tantos conocimientos de Trabajo Social como ella. Y la verdad es que sí que recuerdo a la profesora, también con cariño, en sus farragosas clases de Modelos de Intervención.
Hoy, de los que aparecemos en esa foto, no tengo contacto con ninguno, aunque sí con otros compañeros de la carrera, que en ese mismo momento estaban haciendo un submarino en el ascensor. Hoy, trabajan de responsables de varios proyectos con adolescentes en situación de riesgo. Sí, la verdad es que el tiempo pasa con demasiada celeridad.
Yo, por fin, después de un par de meses sabáticos, trabajando en esa gran empresa que llaman paro, he conseguido de nuevo empleo, y me sumo al grueso de compañeros de clase que trabajan con adolescentes. Pese a que no sean los mejores sueldos, pese a que no tengamos enmarcado en nuestros despachos el título que tantos sudores nos costó -y la verdad es que ni falta que nos hace-, al fin hemos conseguido levantar cabeza y trabajar en lo que nos hace crecer como personas, día a día. Porque en una relación socioeducativa como las que establecemos, quien sale ganando no sólo es el educador. Muchas veces el educador también es educando y el educando también es educador.
Como en aquellos días de 2001, en los que éramos educandos y educadores de nosotros mismos. Pero de la asignatura más importante: la vida. Porque, si una cosa está clara, es que la universidad no nos preparó para ejercer ninguna profesión, sino que nos preparó para ser personas y ciudadanos. Nada más. O, al menos, eso pasaba en Estudios Sociales.
Muchas veces las cosas se plantean de una forma y luego la realidad hace que surjan mil caminos, un cruce en el que tú sólo eres copiloto, en el que no tienes poder de elegir. Las cosas salen al revés de como pensabas que iban a salir y las noches se hacen madrugadas sin que salga la luna.
Plantear la vida es similar: te pones unos objetivos y luego todo se tuerce. Toda tu vida puede cambiar de un día para otro y convertirse en algo completamente diferente a lo que pensabas. Todo es inestable.
Una vez, una amiga, hablando de sus miedos en una convivencia, dijo que se sentía rara, como si estuviese segura de tener su vida entre sus manos y, poco a poco, se iba desprendiendo y cayendo al suelo y, con su fragilidad de porcelana, rompiéndose en añicos... Entonces no le entendía, hoy sí.
Escuchando.-Algora - Querido hombre cebolla. Hace un año en Rincón Olvidado.-Alatriste.
Septiembre ya, el tiempo pasa inexorable en el reloj, con la misma rapidez que los recuerdos pasan por la mente. Porque el tiempo es sólo eso, recuerdos. Recuerdos que se meten en las entrañas y todo lo cubren. Recuerdos que borran el presente y lo reducen a un fracaso más en la barra de un bar, de una txozna de fiestas o de una puñalada trapera por la espalda, de esas que duelen hasta lo más profundo, en esas mismas entrañas protegidas por el recuerdo. ¡Cómo puede haber gente tan hipócrita!
Zaragoh2no!za es cada vez menos mía. Cada vez me siento más extraño en mi propio barrio, me siento extraño entre mis amigos y me siento extraño también en el autobús, viendo pasar gente acurrucado en el asiento. Sí, hoy soy un extraño en búsqueda de lo propio, una marioneta del mismo sistema que me hace buscar otra parada de autobús para consumir cerca de ella.
Nunca pensé que un verano podía hacer replantearme tantas cosas, podía hacerme visitar todos los rincones olvidados del fracaso y hacer saltar por los aires, con la incongruente rotundidad del recuerdo, todas y cada una de las vidas y relaciones construidas. Nunca pensé que iba a sentirme un extraño en mi propia vida. Pero hoy, con el septiembre del recuerdo y la apasionada lucha en la terrible búsqueda de un cotidiano salvajemente hecho especial, ando cada vez más perdido en un mar de sueños, en un continuo Sobrarbe de emociones y en una marabunta de palabras entrecortadas que, minuto a minuto, el cierzo se encarga de levantar y hacerlas volar lejos, allá a donde no se pueden coger con la mano, allá donde la vista no alcanza, allá donde todo no es sino una valerosa utopía a la que le faltan cojones.
Allá donde el cierzo pose mis palabras. Quizá ese sea mi sitio.
Hay muchas caras que, aunque no hayas visto nunca, son caras familiares. Amélie Poulain lo sabía bien y se paseaba por los fotomatones de todo París, pero a estas alturas no estamos para cuentos estúpidos. No lo estamos cuando estamos colmados por todos los lados de orgasmos de dolor. Amélie ya se preguntaba cuántos orgasmos puede haber en un mismo momento. Y yo simplemente pienso que una gran parte de esos orgasmos serán dolorosos.
Porque, aunque Wilde dijese lo contrario, el placer que se posa en un instante no podrá jamás sustituir al dolor que dura para siempre. Por mucho artista que haya de por medio.
El arte sólo es sublimación, nada más. No soy muy freudiano, pero en este caso la pulsión sexual es dolorosa. Tan dolorosa como para tener que sublimarla. Y uno la sublima y la lleva al mundo del arte, de la palabra. O simplemente, al mundo de la cerveza, que debería ser entendida como el octavo arte.
Existen muchos motivos en esta vida para querer tumbarse en una cama y no levantarse nunca, para introducirse en el mundo de los cuentos y no salir nunca, para jugar con el más pequeño de tus primos a ser marineros de un barco que nos lleva a muy-muy-lejano, o para jugar con el mayor de tus primos en una interminable partida de Wii.
Y, como en un juego de rol, los puntos de ataque siempre superan a los de defensa, y cuando todo es hostil, te lías a cañonazos contra los mosquitos, o contra lo que se te pase por encima. Nunca más habrá barcos a muy-muy-lejano ni partidas de Wii, ni remotas estaciones de metro tras las que se esconde la ignorancia convertida en esperanza, o al menos un orgasmo, aunque sea doloroso, como la mayoría. Nunca más las habrá porque a uno le han puesto los pies en la tierra sin que nadie se lo haya pedido. Nunca más habrá esperanzas ciegas, ni sublimaciones espontáneas.
Porque vamos a empezar a llamar a las cosas por su nombre. Al cabrón empezaremos a llamarle cabrón y no pobrecito despistado amoroso. Al imbécil empezaremos a llamarle imbécil y no pobrecito que no tiene otro remedio. Porque detrás del despiste y del remedio está la tabla de acero que traga una y otra vez la misma historia.
Pues sí. Ya estoy en Zaragoh2no!za. Después de esta semana en Madrid (¡gracias, Karlox&Asun y To, por permitirme gorronear en vuestras casas!), unos días en Grisel y el campamento de Albarracín, ya se ha acabado el verano. Y eso que el año pasado pensaba que el verano acababa con los Pilares. La verdad es que éste también ha sido un verano de muchas emociones, no sólo por los Campamentos, sino también por las cosas que han pasado. Emociones buenas, y emociones malas, pero en armonía y, sobre todo, construyendo un futuro invernal a corto plazo, del que todavía no hay seguridad alguna.
Este año mi cumpleaños (¡y van 24, dejaré de cumplir en breve!) ha sido extraño, quizá mejor que otros años, por eso de pasar casi inadvertido y no darme cuenta de que me hago un año más viejo... En fin, que me pongo melancólico, que con lo del final del verano, hay suficiente para los kleenex:
Madrid es grande. Grande de cojones. Llevo tres días en esta ciudad y la odisea va poco a poco superándose. Quedan muchas cosas que ver y muchas caras que cruzarme en el metro y a cada paso que doy me encuentro con nuevos rincones que conocer. Es lo que pasa cuando te enfrentas a una ciudad nueva en tu vida. Hoy, he estado en varios barrios que me han hecho sentirme más en mi casa. Definitivamente, el centro no es para mí. Ni el de Madrid ni el de ninguna ciudad. Hablaba el otro día del agobio de los turistas. Yo soy uno más, sí; pero todavía no me ha dado por ver las cosas que ven los turistas. No paseo por Castellana embobándome con la Cibeles, no quiero ir al Museo Reina Sofía, ni tampoco me interesan nada los chavos que venden barquillos en Preciados, que por cierto, aún no he visto ninguno. No me interesa lo más mínimo pasear por la Plaza Mayor ni comer en el McDonald's.
No. Me quedo con los barrios, me quedo con las paradas de metro remotas y con la gente que lo espera en ebullición. Me quedo con las imágenes más cercanas a la realidad que viven los madrileños. Quien viene a una ciudad y ve sólo el centro es quien no visita la ciudad. Ciertamente, no creo que ver el Pilar, la Seo y la Aljafería (o la Expo) sea ver Zaragoh2no!za. No ha visto la ciudad quien no se ha tomado una cerveza en algún barrio, sentado en una terraza, viendo a la gente en su bullicio cotidiano. Y eso es lo que tiene de bonito ver otras ciudades. Convivir con las realidades diarias, con la pareja que discute en Hortaleza o con quien se levanta a las siete de la mañana para ir a locutar por cero euros a una emisora en la otra punta. Sólo así se conoce la ciudad.
PS: Pese a todo, quizá mañana me dé por visitar algo turístico. Que si no a uno le llaman provinciano.
Algunos colegas castellanos dicen que Madrid es Castilla, así que por simpatía vamos a decir que sí, que lo es, pese a que la realidad y la experiencia digan lo contrario. Dicen que la Esperanza, así con mayúsculas, es lo último que se pierde, aunque en este caso, por Esperanza puede entenderse otra cosa y la Esperanza puede convertirse más en un suplicio que en un beneficio. El caso es que esas hermosas tierras de Castilla que ayer mismo recorrí en un perdido regional, me están seduciendo más de lo que parecía en un principio. Su intenso color amarillo que sedució a Machado, sus pueblos lejanos entre sí, pero a la vez cercanos en sentimiento, en definitiva, su extraño aroma vacacional en este agosto alargado más de la cuenta, se me han metido hasta las trancas.
Ahora, se me hace raro mirar por la ventana y ver la calle, escuchando Mallacán, pese a que podría perfectamente estar en alguno de esos nuevos barrios desconocidos para mi y que están en mi misma ciudad. Algunas matrículas de Madrid delatan la verdad. Hoy, la Jungla. Madrid es agobiante hasta en verano. Cuando no es el vertiginoso ritmo de la ciudad es la velocidad de los turistas, echándose fotos en Sol o peleándose con sus maletas en algún hostal de la Gran Vía. Los barrios, eso sí, son otra cosa. Vallecas y Chueca transmiten tranquilidad, pese a las bocas de metro cada cinco minutos de esta endiablada -y vaga- ciudad.
Nunca había pasado más de 12 horas seguidas en Madrid. Sí en la Comunidad, pero no en Madrid. Hoy, Metrobús en mano, he recorrido una pequeña parte, de arriba para abajo, pasando por delante de multitud de edificios, observando algunos pequeños detalles y mirando escaparates. Pero también hablando con la gente y sintiéndome parte de esta ciudad que dicen que es de todos, de esta ciudad de las multitudes y de la diversidad. Capital de las capitales, en definitiva. Nadie se puede sentir extraño en una ciudad en la que todos son extraños. Es esa realidad que los que vivimos en las capitales de las provincias no entendemos. Y es que, lo queramos o no hay una realidad: todos los pueblos, ciudades y naciones de la península convergen en Madrid y se juntan con las personas que han decidido que este terruño africano por debajo de los Pirineos sea suyo también.
Y esa es la verdad madrileña: ecuatorianos haciendo parkour casi de madrugada, chicos abrazados a sus novios en pleno centro, familias africanas enteras compartiendo vagón de metro con chinos y musulmanes. Realidades que se viven también en las provincias, pero que en Madrid se hacen cotidianas y se abrazan con la normalidad, la misma con la que un chaval se lía un porro en pleno corazón de Vallecas mientras una mujer de unos 80 se toma una cerveza en la terraza.
Y es que en el fondo es cuestión de mentalidad. Si la ciudad hablara, si la ciudad opinara, independientemente de sus habitantes, Madrid lo tendría claro. Madrid daría mil vueltas a muchos teóricos acerca de la sociedad y de la diversidad, Madrid realmente sería moderna -porque sin duda, Madrid es mujer- y progresista. Pero claro, Madrid no es tu casa. Para lo bueno y para lo malo. Madrid no es tu casa y nadie mejor conoce los trapos sucios que quien los vive. Pero tampoco Madrid es tu casa para disfrutarla día a día, para hacer de la impresión de un día la impresión de una vida.
Y es que, en el fondo, Mallacán sigue sonando en el MP3. Y uno no deja de vivir su día a día en el pueblo más grande -y digo pueblo, no ciudad- del Estado.
Ayer por la tarde volvi a mi rincón olvidado del pueblo, y volví a ver el campo arado que había visto en abril, espero que con la cosecha ya recogida, como significando que alguien ha hecho más trabajo que el que yo no he hecho. La verdad es que últimamente estoy pensando muchas cosas y ayer, en mi rincón llegué a algunas conclusiones.
Yo siempre he confiado en la bondad de las personas, en que el ser humano es bueno por naturaleza, así, en plan Rousseau, cuando todo el mundo sabe que el romanticismo está más muerto que el mismo Dios que los ilustrados del XIX fusilaron. Matar a Dios para intentar alzar un humanismo desnaturalizado y que el propio capitalismo enseguida se encargó de fusilar con más ímpetu si cabe. Estaba claro entonces que el ser humano no era bueno por naturaleza, salvo que esa naturaleza fuese divina. Por eso me resisto a asesinar por doquier, aunque no sea por ganas. Pero bueno, que me voy, que este no es el tema...
Estaba en que confío en la bondad de las personas, por eso quizá, cuando menos me lo espero, ato cabos y me doy cuenta de que seguir encerrado en las mismas historias y personas no hace sino convertir mi vida en una de esas enredaderas que se enroscan a los árboles hasta casi ahogarlos y perturbar su vida para siempre. Claro que a veces a uno le da por ponerle nombres y apellidos a las enredaderas y liar el asunto bastante más.
Quizá sí que ya sea hora de pasar página a muchas cosas, de poner los pies en el suelo y convertirse en un árbol carnívoro, de esos que abren sus preciosas flores para luego cerrarse al paso de los moscones y alimentarse de su sangre. Pero es que tampoco quiero eso para mi. Ir de destroyer por la vida nunca fue lo mío, porque ni sirvo ni me parece lo correcto.
Claro que siempre uno puede hacer borrón y cuenta nueva y buscar nuevas personas, sin permitirles en ningún momento enredarse de nuevo al árbol. Porque es que uno peca mucho de idealista y, por ello, también de gilipollas.
Así que se acabó, se acabó de hacer el gilipollas por el mundo, se acabó de confiar en la bondad de la gente y se acabó de creer en las cosas a ciegas. Que luego nadie va a ciegas y todo el mundo está interesado en algo. Y claro, uno es que no se da cuenta hasta que no le cogen el teléfono en tres semanas...
Día 24 de mi odisea pirenaica, sentado frente a mi ordenador. Último día. La provincia de Uesca ya vuelve a quedar lejos, lo pongas como lo pongas. Y como los tres poderosos reyes que partieron peras al fondo de la Val d'Ansó, uno ya se siente dominador de si mismo y de algunas circunstancias de su vida. Como tres poderosos reyes.
La Mesa d'os Tres Reis, Hiru Eregeen Mahaia, con mucha dificultad (¡gracias Fede!) pero -casi- alcancé el día 6 de julio la más temida cima del valle y considerada la de mayor altitud de Euskal Herria con un grupo de chavales que me transmitía sentimientos contrapuestos. Por un lado alegría de estar con algunos y algunas que has visto crecer y cambiar, para bien y para mal; por otro lado, dolor y cansancio, por otro tedio y agonía, pero también sentimientos de estar abriendo caminos con chavales de Mali, de Marruecos, de Bulgaria y de Aragón. Contrapuestos sentimientos que me hicieron sentir como tres poderosos reyes. Completo. Tan completo como me ha hecho sentir esta última semana en Botaya con otros reyes que se han hecho un hueco en mi vida últimamente.
Sí, Zaragoh2no!za puede convertirse en un anexo pirenaico siempre que se quiera, en el fondo, formamos parte del mismo sistema fluvial, que geográficamente es lo importante. Sólo hay que proponérselo. Aunque la ciudad ha cambiado desde que me fui, no en su fisionomía, pero se avecinan tiempos revueltos. El Hay Untamiento ya no es lo que era, y no sólo por los sueldos de los concejales subiendo a ritmos desorbitantes, sino también por los cambios de las urnas después del 27 de mayo. Juventud ya no es una delegación más, ahora está integrada en Acción Social y el Mayor, que depende del Área de Presidencia y Acción Social, en manos del PSOE, al igual que el Instituto Aragonés de la Juventud y, además, según parece ser, el Distrito de San José lo presidirá amigablemente el Partido Aragonés. IAJ, Ayuntamiento y Distrito Municipal, como tres poderosos reyes. Pero tiranos. Y espero equivocarme.
En fin, que vuelvo a la ciudad contrariado, pero como decía aquella canción, sin mirar atrás, pero sin ganas de olvidar.
Las pulseras como la de Brian Kinney tienen su aquel. Más aún en la noche de San Juan. Quizá ayer, como hombre de corazón limpio que soy, debería haber subido a la Bassa la Mora a ver al hada y no perder tanto el tiempo por los bares de la ciudad. Claro que la compañía era grata, pero una vez más, la historieta de la pulsera de marras volvió a salir a colación, de nuevo, sin tener nada que ver con mi vida ni con la de Brian Kinney.
Ya decía ayer mi horóscopo que no debía perder el tiempo con estas cuestiones, pero es que el viernes escuchando al Friker en la Ser fui informado de un importante extremo: las parejas que se inician en la Noche de San Juan tienen más posibilidades, por la magia del día, de salir airosas. Y si te revientan una teja a tu lado, ya es que uno se queda con pareja para toda la vida.
En fin, que antes de ponerse uno una pulsera debería saber qué simbolismo tiene. Que aquí no todo funciona en plan cosicas bonicas y modelnas...
Domingo tarde, papel de calco. Un domingo tras otro, siempre es lo mismo. La cama sin hacer, la calle desierta y la música al tope. Hoy, por fin, será el último domingo de la primavera con cantinela futbolística y con los bares intransitables. Y es, además, el último domingo de la primavera, que ya llegan las hogueras. Quiero salir de casa, pero por no levantarme, la verdad es que no me apetece, aunque lo haré. Más tarde que temprano, que la cama aún está sin hacer y me puedo tumbar en cualquier momento y recordar la noche de ayer, rara, surrealista, pero a la vez interesante.
Los domingos por la tarde no sirven para nada, sólo para hacer más agónico el camino hacia un nuevo lunes. Los lunes deberían empezar al mediodía del domingo, enlazando directamente el fin de semana con la nueva semana laboral. Así, nadie se hastiaría en un domingo tarde e iría con buena cara al trabajo, recordando los grandes momentos del fin de semana agujetoso y raro, pero divertido al fin. Junto con los creadores de los meses bisiestos (estos que son un día más que otros años y cobras lo mismo), los inventores del domingo por la tarde deberían ser ajusticiados, o al menos, los programadores de televisión.
En fin, que voy a salir un rato a ver si me despejo...
Muchos asuntos tienen dos caras, una dulce y otra ruda. Y no es en vano que en el vídeo y en este asunto, la cara dulce quede para la adolescencia,... Es lo mismo que piensas también cuando te independizas. Tener tu propia casa, tus fiestas, tu propiedad sobre el mando de la televisión y la posibilidad de quedarte en Internet hasta las 3 de la madrugada sin que nadie te diga nada.
La otra cara de la moneda no son los trabajos de casa, eso es un el que algo quiere, algo le cuesta. La otra cara de la moneda es el valerte por ti mismo, el asumir la responsabilidad de ser autosuficiente, el dejar el bienestar de sentirte protegido por un hogar que se diluye en la simple idea de subir tres calles.
Pero es que uno piensa que ya tiene edad de volar solo y debe asumir ciertas cosas. El tiempo se echa encima y las decisiones es mejor tomarlas rápidamente, no darles vueltas y vueltas para finalmente no hacer nada por el simple hecho de haber pensado veinte mil contras y sólo un pro.
Tardes movidas las tiene todo el mundo, pero yo no estoy prepada para ellas, la verdad. Me dejan un dolor de cabeza similiar al del alcohol, pero es que en las tardes de calor como la de hoy (¡y eso que yo esperaba un tormentón del carajo, por cómo ha empezado...!) el dolor de cabeza se multiplica por cuatro, y si encima, tienes que atender una media de 10 llamadas por hora, tres padres queriendo apuntar a sus hijos al campamento por cuarto de hora y una salida corriendo porque te están esperando en un local para coger unos materiales para una animación, de la que previamente habías estado comprando los disfraces, aquí no acaba nadie.
Parafraseando a un colega que parafraseaba a otro que a su vez parafraseaba a noséquién voy a expresar mis sentimientos: Zaragoh2no!za huele mal. Sí, sí. Huele mal. A mierda, para ser exactos. Hoy no era el habitual olor a col al que nos tienen acostumbrados los políticos que permiten las barbaridades medioambientales al norte de esta bendita ciudad. No, ni mucho menos. Ese olor aún se hubiese podido resistir, que estamos acostumbrados. Es que el olor de hoy, en la Plaza del Pilar era a auténtica M-I-E-R-D-A. En el mismísimo salón de la ciudad, oyes.
El jueves que viene tendremos a la Fangoria en la ciudad para recordarnos que queda un año para la Expo, y nosotros, muy bonicos y muy todo, un meandro precioso, pero seguimos oliendo mal, olemos a rancio, a ciudad subdesarrollada, olemos a mierda. Ese inaguantable olor que cada día rodea la ciudad.
Hoy, en el autobús, volviendo de nuevo del Gallagher (donde hemos vuelto a ganar al trivial), me he vuelto a encontrar con la abuela del 40. Creo que a partir de ahora me la voy a encontrar todos los jueves, haciendo la misma ruta con las bolsas de plástico de cualquier supermercado haciendo la ruta hasta casa. Y se ha bajado sola, en la misma parada que siempre,... La soledad, he vuelto a pensar; pero hoy no me he ablandado tanto como el otro día, es más, he subido a casa en el ascensor bailando Skalari Rude Klub. ¿Me estaré volviendo insensible? ¿O es que el mal olor de la ciudad me cambia la forma de pensar?
Mi abuela me venía a buscar al colegio mientras mi madre curraba. Lo recuerdo como si fuera ayer, me venía a buscar y le daba dos besos, en esa cara alegre pese a las hostias de la vida, esa cara enjuta en un cuerpo enjuto pero sabio. A mi abuela siempre la he querido, incluídos esos días en los que evitábamos hablar de la enfermedad del abuelo, los últimos días del abuelo en su casa, viendo la televisión hasta la madrugada yo solo mientras la abuela me engañaba intentando hacerme creer que dormía. Y aún pensaba yo que mi abuela dejaría de dormir sola...
Hoy subía en el último 40 triunfal, tras haber vencido el trivial del Gallagher, enfrente de las Murallas Romanas con Gusi-Variceloso y Celine y me he encontrado con una abuela -podría ser la mía- que se ha sentado a mi lado. Yo iba a mi bola con el It's raining men en el iPod y al principio me ha molestado la señora, pero en unos diez segundos, amablemente, me ha preguntado que si me molestaba su bolso. "Para nada", he respondido. Y la señora se ha sentado a mi lado, con sus gafas, su pelo blanco y su agradecida cara. Y entonces ha sido cuando una palabra me ha venido a la mente: "soledad". Y mi vena de mediotrabajadorsocial teórico me ha saltado, analizando todas y cada una de las cosas, en el tiempo en el que un rayo toca el suelo, que podía observar: su pelo, su aspecto y esas bolsas de basura bajo el brazo, pese al glamour de su blanco bolso. "Diógenes", he pensado, no sé si justa o injustamente.
Era la una de la madrugada y la abuelilla -que podría ser la mía- ha bajado al principio de la Avenida de San José, y me han entrado ganas de bajarme con ella e invitarle a un café, porque su soledad me ha hecho tocar fondo, ese fondo en el que ves el amor, en el que incluso llegas a ver a Dios, en ese fondo que a veces te mueve, pero no lo hace un jueves a la una de la madrugada.
Y he visto en sus ojos los ojos de mi abuela, la misma que me venía a buscar al colegio cuando yo era pequeño y me llevaba a jugar con mis cuadernos, mis rotuladores mágicos de colores y mis muñecos de cera. Y, al fin, he comprendido, que la vida no es sino un camino hacia algún lugar del que no sabes nada y en el cual, no irás acompañado de nadie, sólo de tí mismo y de Dios -si es que no deja de ser una mera ilusión-.
Y entonces, en el iPod han sonado los Chasing Cars... Y hasta aquí he llegado, delante del ordenador, con la interrogante abierta y mi vida resuelta, pero con la gran carga de haber visto en los ojos de aquella abuela el amor, pero también la desesperanza.
La vida da muchas vueltas, como un tiovivo, ya lo decía hace un tiempo. Uno cree que lo tiene todo centrado, pero de golpe, el aleteo de una mariposa en Winsconsin puede provocar un huracán en China. Es lo que tiene la teoría de sistemas, que cuando algo cambia, cambia todo, porque todo está relacionado, o conectado, como en el anuncio de ADN.
Pero es que cuando la vida da vueltas, el ritmo es cada vez más frenético, como si el feriante hubiese subido al máximo la palanca del acelerador, o como si a Dios le hubiese dado por darle un empujón a la tierra y girase cada vez más rápido, provocando un aturdimiento general en mi cerebro similar al de cinco noches etílicas consecutivas. Será por el amor...
Y es que, como hablaba el otro día con X (closet power, co!), debe ser que sublimamos a lo freudiano nuestras frustraciones sexuales con la política. Pero es que creo que más bien muchas veces son las frustraciones políticas las que son sublimadas con el sexo. Es como una pescadilla que se muerde la cola, o como decía el afamado Peibols(ya sale hasta en el Gerardo) el otro día, como una pescadilla autofelándose. En todo caso, el sexo y la política se retroalimentan, sin duda.
Mañana es viernes y Hacienda me ha pagado lo que me debía. ¡Prepárate Zaragoh2no!za!
Emosong.- Fangoria - Si lo sabe Dios que se entere todo el mundo.
PS: ¡Al fin Blogia admite un sistema de sonido en streaming!
Sí, lo reconozco. Desde que un día se me acabó el Axe Phoenix (el Marine aburre y da asco incluso) y mi hermana me prestó su Rexona con olor a rosas, uso desodorante de tía. Pienso que esta es la razón por la que últimamente estoy tan moñas en el blog, y no realmente porque, como especulan algunos, me haya inyectado batido de fresa en vena. Es más, desde que me he abierto fotolog estoy más moñas aún, por eso de pretender transmitir estados de ánimo con imágenes.
Os prometo que a partir de ahora me voy a quitar el gotero de batido de fresa y me voy a enganchar al de Ámbar, a ver si de esta manera consigo dejar de estar tan moñas en el blog y estarlo con quien realmente lo tengo que estar... Lo primero, va a ser cambiar en el Winamp a Duncan Dhu por Motorhead, Iron Maiden y Blind Guardian. A ver si así me entra la razón y dejo de poner chuminadas de faros bailando mariconadas al son de música realmente vomitiva.
De pequeño, al lado de la casa de mi abuela en la calle Lausana vivía el caballito Furia. Furia era un caballo bien hermoso, de estos que cabalgaba echándole una moneda de cinco duros, pero de las viejas, de las que no tenían agujero. Furia hablaba de vez en cuando y te invitaba a subirte a su lomo y viajar por todos los países del mundo. Pero un día, Furia desapareció para siempre de la puerta de aquel comercio de la calle Lausana y con él se fueron las ilusiones de viajar y de escapar de aquella ciudad que ya de pequeño odiaba.
El sábado me monté de nuevo encima de un caballo. No era Furia, pero a cambio era un caballo de verdad. No me llevó a otros países ni me hizo viajar lejos, tan sólo dio vueltas por el mismo recorrido, pero me acordé de Furia, y vi que, como siempre, los sueños e ilusiones de cuando eres niño se acaban diluyendo con el paso de los años.
Hay veces en las que uno tiene muchas cosas que contar sobre su vida, pero no lo hace; se calla. Intenta disfrutar uno sólo de lo que pasa y saborear cada momento, cada palabra, cada mirada y cada gesto. No pensar, sino dejar que las cosas fluyan por si solas y disfrutar de ellas tal y como son, sin rayarse por estúpidos planteamientos sobre lo que la sociedad espera, lo que está bien o está mal, sobre lo que uno debería (maldita palabra) hacer en cada situación.
El fin de semana ha sido largo y lleno de cosas que hacer. Desde el mismo viernes hasta el domingo se han sucedido los compromisos, que si el Consejo de la Juventud con su concierto, que si el curro y la visita al Centro Hípico, que si el traslado de materiales de JuveLino y mil monsergas más. Sin embargo, hubo un punto de inflexión en este fin de semana que me va a hacer recordarlo durante tiempo. Y, como decía al principio, simplemente, no se trata de un elemento más a la espesa lista de intentonas. No lo quiero ver así, lo que quiero es verlo como algo que sucedió y que hizo que todo fluyera, en un espacio-tiempo determinado, en el que todos los elementos de la vida en general y de la mía en particular estaban en armonía y tenían su por qué y su relación.
Encaro pues la recta final de abril con mucha ilusión, porque ha llegado la primavera y porque por fin veo la luz al final del túnel al que me he referido en todos estos meses. El perro del hortelano desapareció de mi vida, al fin, que ya era hora, y no es que tenga algún tipo de rencor. Simplemente, la culpa no es suya, sino mía, porque he visto las cosas con demasiadas ideas preconcebidas y con muchas presiones. Simplemente, el truco está en dejar que las cosas pasen. Y no es quitarles la importancia y hacerlas porque sí, sino no obsesionarte en lo que tú quieres de ellas, porque la vida, muchas veces, es saber adaptarte a lo que todos queremos. Y así ha sido este fin de semana, al menos, desde el punto de inflexión.
Escuchando.- Lista de reproducción combinada de Deluxe, Beyoncé y Coldplay.
=====
Hoy he vuelto al manantial de las aguas prohibidas, ya no me importa mojarme, ya no me importa mojarme,.... Y aun es pronto para ver si fue un sueño pasajero, si lo echaremos de menos, si lo echaremos de menos,...
Tendremos que esperar y curarnos las heridas, que no quiero tropezar, que no quiero tropezar, Tendremos que esperar.
Al menos ayer el autobús llevaba los banderines del Real Zaragoza. Y hoy, 29 de marzo, es la gala de celebración del Aniversario, que se emitirá esta noche en Aragón Televisión. Buen cumpleaños para una zaragocista como mi hermana, pienso. Y si bien, hoy el hijo del presidente de esta república ha venido a la ciudad a inaugurar la restauración de la cúpula del Pilar pintada por Francisco de Goya, yo hoy estoy a vuelta de todo. Y es que sé que esta semana, la riada se lo llevará todo.
Se llevará el invierno y olvidará sus preocupaciones, algunas estúpidas, otras no. Llegará la primavera, y con ella otra vez la emoción y la ilusión por vivir nuevas cosas. Y es que, hoy, he vuelto a saborear esa gran canción que recordaba durante el verano pasado, el Standby de Extremoduro, que tan bien interpretael Turrones y su grupo.
Y es que, siempre hay ocasiones en las que se está en Standby, en estado de espera. Antes del verano era la espera al nuevo contrato, al mundanal ruido del que no me quería separar, hoy ya no es esa espera, hoy es una espera más habitual, la espera del buen tiempo, de los amigos, de la calle y del café, cerveza o pintxo en la terraza. Y es el standby de muchos de nosotros, que todavía no encontramos sentido a la rutina diaria que nos amarga.
Así que aquí seguimos, esperando a que la primavera coja el mando a distancia y le prete al power, encienda nuestra vida y le dé la chispa adecuada. De momento, como en agosto, sigo en estado de espera.
Hay dos personas que deberían de ser lapidadas: el que decidió que los búhos pasasen cada tres cuartos de hora y el que decidió cambiar la hora. El primero no ha montado nunca en el N5 de las cuatro y el segundo, definitivamente, es un cabronazo. Ahora bien, hay que tener realmente mala suerte para que, en el mismo día, tengas motivos para acordarte de la madre que parió a los dos.
Anoche el horario del N5 no tenía sentido alguno, ni con la hora nueva, ni con la vieja. Ni siquiera con la happy hour de la despedida de la Fraji. Tres zumos de cebada por siete pavos... y en el Casco. La Fraji sí que sabe.
Y es que, quieras que no, se acerca la Pascua. Florida, que dirían en los pueblos. Pero es mejor no entrar en esa rancia Iglesia de sotana y alzacuellos, sino quedarnos con la Iglesia cercana, la del viernes por la noche en la Margen Izquierda del Ebro. La misma Iglesia que ayuda a soñar, y no con pesadillas, sino con el amor de Dios... y una buena cena.
Y es que el fin de semana da para mucho aunque tenga una hora menos y haya que soportar el jet lag. Y si no, que me pregunten el madrugón de esta mañana, completamente resaquil, para subir al pueblo a ensayar el paloteao. Bueno, lo de ensayar es un decir, porque más que otra cosa, hemos discutido...
La tarde de lo más normalita, un par de reuniones y Nadie Ve. Eso sí, con un ardor de estómago marca Timple que casi no he levantado cabeza. Mañana lunes, a ver...
Esta mañana, mientras esperaba el 24 y el cierzo estaba a punto de machacarme la vida más aún -los días de tiempo estresante como este me sientan como una patada en los cojones-, he encontrado este cartel en el cristal de una peluquería. En él, aparecen fotografías de un perro, junto a las que se puede leer "¡¡Quiero ser papá!! ¿Me ayudas?". Buen cartel para el día del Padre...
Ciertamente, los perros lo tienen más difícil que los humanos para follar. Pero para llegar a esta conclusión no hacía falta ver este cartel, sino pasearte por cualquier zona verde de la ciudad entre las 10 y las 11 de la noche, cuando los dueños de los perros los sacan a paseo. Y es que, pese a todo, uno está acostumbrado a no comerse una rosca ni a la de tres y se está planteando la posibilidad de llenar Zaragoh2no!za de carteles como ese.
Aunque el papel no garantiza nada. Lo sabía ya, pero me he ratificado esta misma mañana cuando he ido a la universidad a recoger mi querido título universitario. Han tardado menos de lo que esperaba en dármelo, pero no por ello mi madre se ha puesto pies en polvorosa para enmarcármelo, por mucho que yo le haya dicho una y otra vez que me la pelaba y que no me hacía nada de ilusión colgármelo en la habitación. Y ella me ha dicho que ese título es lo que me iba a abrir muchas puertas y tal...
Y yo pienso que ojalá todo fuera tan fácil como arreglarlos con papeles, en forma de cartel o en forma de título universitario. Ni el cartel del perrito ni mi título universitario servirán para follar, pero tampoco servirán para tanto como para echar campanas al vuelo.
PS: Echaos unas risas con este vídeo, que así al menos no todo es mal sabor de boca:
PS2: Como no pase el temporal en seguida, me va a dar un mal... o algo...
Empieza a ser preocupante andar con resaca a las cuatro de la tarde de un viernes. Lo hablaba antes con laGarci, mientras le contaba mi incursión cuasisolitaria en la noche zaragozana de ayer. Y es que, la producción de La Zaragozana se ha visto incrementada desde que mi familia decidió dejarme suelto por la calle. Así que, en jueves, hice de tripas corazón y me postré en varias barras de bar. Supongo que por celebrar eso del nuevo estatuto, o mejor dicho, por olvidar que vamos a seguir 20 años más en el vagón de cola del Estado autonómico, si bien ya dejé claro en otras ocasiones que hay que superar el modelo autonómico y buscar otros que garanticen la soberanía de Aaaragón. Pobres los de la Chunta, que han votado en contra solos. Ni siquiera sus socios de ERC y EA apoyaron el voto en contra de Labordeta. Ni siquiera tampoco, los compañeros del grupo mixto de Nafarroa Bai y BNG. Lamentable no utilizar sus 9 votos en contra en Cortes y quedar en el Congreso como el único voto en contra.
Y si bien me he dado cuenta que a este país sólo le interesa discutir sobre el tranvía o el metro, sobre la Romareda o el Seminario, sobre lo bueno o lo malo que es el Estatuto, cuando todavía en pleno siglo XXI hay quien duerme en los cajeros, es posible que todavía tenga motivos para gastar los últimos euros del mes (benditos mileuristas) en celebrar el Estatuto, pensando en SuperBiel, en la Rana Gustavo, en Marceloide y en ChuntaMán. Por cierto, qué panico me entró al escuchar a la portavoz de Izquierda Unida y que repitiese el mismo discurso que el PP mantiene en las Cortes de Aragón. Yo creo que por eso me fui a beber. Ámbar, of course, la cerveza nacional.
PS: Fluvi™ sigue secuestrado. Por favor, que alguien cumpla las exigencias de los secuestradores, porque si no los niños y niñas de esta ciudad van a perder la ilusión.
Hoy, bajaba del trabajo a casa y mi retina ha retenido una imagen digna de contar. "Para el blog", he pensado. Después, me he dado cuenta de que llevaba la cámara de fotos en la mochila, así que no sería digna de contar.
Se trata del Jardín de la Memoria, una reivindicación vecinal histórica hecha realidad que fue construida con las propuestas de los propios vecinos del barrio, creando un espacio lúdico que muchos utilizamos, no sólo para jugar, sino también para reunirnos y para hacer multitud de actividades. No en vano, el Jardín de la Memoria es el lugar desde el que se proyectan muchas actividades a nivel juvenil en nuestro barrio, desde el Espacio Joven de las Fiestas, hasta el San José en Movimiento o incluso la FiestaLina que anualmente organiza el Club de Tiempo Libre JuveLino.
Y miraba los juegos de niños, el estanque, la escultura de la bañista y abajo el potrero y el quiosco de la música... Y pensaba que realmente me gusta mi barrio, y los juegos de niños de mi barrio. Aunque yo ya era un poco mayor para disfrutar estos, recuerdo muchos otros,... Y es que hoy he estado en la universidad. Poco tiene que ver con mi infancia, pero viene al hilo de lo que siento estos días, ya en esa etapa que es la de empezar a trabajar y a tener responsabilidades de adulto, aunque luego vendrán otras, como la hipoteca, una relación seria prolongada o cualquier otra de esas que se basan en la fidelidad mutua.
Hoy, en la universidad, he grabado otra imagen en mi retina que me ha hecho recordar que ya no soy universitario, simplemente recordando lo que eran los días, las tardes e incluso parte de las noches en el campus, hablando, pasando el rato, haciendo de (casi) todo menos estudiar. ¡Qué tiempos aquellos! Cuando todavía creías que acabar la carrera iba a significar la felicidad plena, la falta de obligaciones, y ahora, uno empieza a caerse del guindo y a ver la realidad de otra manera. ¡Quién volviera a pillar aquellos tiempos de juegos infantiles, los del estanque del campus o los de los parques del barrio!
PS: Vía Nievitas me ha llegado una colección de vídeos del Vaya Semanita de la ETB sobre "la biblia contada a los vascos". De visionado obligatorio, por supuesto.
Anoche hablaba con mi primo Eddie, Céline y Gusi sobre los poperos. Lo siento, sé que algunos sois asiduos a mi blog, pero sin acritud, muchos merecéis desaparecer, o al menos, ser considerados excéntricos extraterrestres que os metéis cada sábado en vuestras naves espaciales de metal -el Brit es una de ellas- a ritmo de indie, vestidos todos iguales, con vuestros flequillos y vuestras gafas de pasta.
Pero héte aquí a donde yo quería llegar. Empezar así era para nombrar a mi querido primo y a quien nos acompañó como anfitriones por los bares de la Inmortal Ciudad anoche, después de que cayera el tradicional-y-nunca-bien-ponderado bocadillo de calamar bravo. Pues eso: las gafas de pasta. Esta mañana, en el centro cultural Pedro Joaquín Roncal, me han regalado un número de una freak-revista llamada ¡Dibus!, que aparte de freak, debe tener un target comercial de unos 10 años.
Bueno, el caso es que hojeándola, me he cruzado con uno de los grandes personajes con los que dejé de ser niño para pasar a ser un prepúber caminando amargamente hacia la adolescencia: Dexter, del que destacan sus grandes gafas de pasta. Resulta que últimamente las gafas de pasta me acompañan a todos los lados. Ayer mismo, hablaba con la Garci sobre este engendro de la naturaleza. Y lo siento, no me estoy refiriendo a esos gafapastas que últimamente me generan un extraño amor-odio que me empieza a preocupar.
Bueno, el caso es que Dexter es un antihéroe. En estas semanas, Queer As Folk está hablando demasiado de los héroes de los cómics como iconos gays. La verdad es que el tema no es descabellado del todo, pero hay que decir que está empezado a rozar el absurdo. Así que, para no caer en el absurdo, he intentado empezar a identificarme, como hacía de crío con Dexter, con los antihéroes, tanto, que he empezado por cambiarme el nick del messenger para tener una conversación con otro antihéroe, Garfield:
Total, que visto que a estas alturas ni Garfield me comprende, creo que me voy a dar a la bebida. O quizá, lo mejor, es dormir, e intentar olvidarme, una vez más, de esta ridícula, espantosa y, sobre todo, surrealista semana, que he vivido en esta margen del Ebro...
Ayer, la Garci hablaba sobre esta cuña radiofónica de la Renfe y nos animaba a hacer una analogía con las cosas que vemos por delante de nosotros en una jornada de trabajo. Además, Alber nos animaba a sus visitantes a postear una lista sobre canciones. A ambos les prometí anoche sendas listas, así que allá van:
Lo que veo a lo largo de un día:: techo, cama, sábanas, taza, tetra-brik, microondas, cucharilla, cola-cao, ropa, ascensor, calle, tienda, kiosko,autobús, parque, local, ordenador, correo, papeles, messenger, impresora, word, proyecto, teléfono, calle, parque, tienda, ascensor, ordenador, plato, comida, mistol, ducha, agua, radio, ascensor, calle, tienda, kiosko, parque, local, ordenador, papeles, messenger, impresora, word, proyecto, teléfono, chavales, actividad, ordenador, calle, parque, tienda, kiosko, ascensor, plato, comida, ordenador,...
San Valero, patrón de la Inmortal Ciudad de Zaragoh2no!za no pasa este año por ser más que un festivo más, de esos de dormir hasta hartarse y no sucumbir ante el yugo del despertador. Recuerdo que antes, días como éste eran días de levantarse temprano y con alegría, pues no había cole y coger el coche para viajar a los lugares más inhóspitos de la provincia, o de salir a dar un paseo y comprar el roscón más grande, o de dar una vuelta por el centro entre abuelos comiendo roscón gratis y esas cosas.
Antes, cuando uno era crío, los días festivos tenían otro sabor. El sabor de la ilusión de no hacer nada, de hacer algo diferente, de salir a la calle y tomarla como aliada. Hoy, San Valero, no es más que un día más en el calendario, en rojo sí, pero un día más. Recuerdo otros San Valeros, los de exámenes, cuando un día en rojo tenía el mismo valor que el oro. Cuando, a las ocho de la mañana, se hacía fila para entrar a estudiar en un prefabricado en el que el frío era el verdadero protagonista. Aquellos días en los que alguien traía un roscón a la sala de estudio y, la nata, el azúcar y las migas del bollo se mezclaban con los apuntes, aquellas largas tardes de enero en las que la música del -todavía- discman se mezclaban con las letras dulzonas que se leían en los libros que había que leer en 24 horas, letras que bailaban una tras otra y que daban significado a una vocación profesional, acompañadas del sabor de un porrico compartido, relajante y predispuesto a acompañarte en el estudio, haciendo más llevaderas las tardes de enero.
Escuchando Decalles (hoy, a las 20 horas en la manta del Roscón Rockde Plaza Redonda) no sólo recuerdo las personas que me han acompañado en el verano, sino que los sones musicales me recuerdan que hace bien poco estaba inmerso en la dinámica del estudio compartido, de las largas tardes (qué lentas pasan las tardadas d'ibierno) de enero acompañadas, no sólo de palabras con sentido, sino también de compañeros de camino. Hoy, primer año en muchos en el que San Valero es un día rojo más, como podría ser cualquier otro, se enciende la máquina del recuerdo, y me veo, en la carretera entre Fuendetodosy Belchite, consultando guías turísticas, o en el prefabricado de Inter 2, sentado en un pupitre, pasando hojas y hojas de Psicología o de Educación Social mientras la niebla baja, el frío entra por la ventana y por los cascos oigo cualquier música tranquila, que me acompañe palabra tras palabra.
Hoy, sólo queda algún café, tardes de cama sin hacer e ilusiones en forma de canciones en las que el recuerdo es el protagonista. Menos mal que mañana es día negro...
Al pasar Bulbuente y subir el Puerto de Lanzas Agudas han empezado a verse las vaguadas repletas de nieve a todos los lados. Que si nieve a la izquierda, que si nieve a la derecha, que si hielo en la carretera... Trasmoz era hoy un castillo rodeado de blanco, e incluso en Tarazona y en Grisel había nieve.
Hoy, leyendo EP[S], ha aparecido Jimmy Peter en un reportaje sobre el ruido. Y yo le digo que debería haber dicho algo del estilo: "A mí me da igual, vivir al lado me triunfa mogollón... Tengo los bares debajo de casa y cuando subo voy tan ciego que del ruido ni me entero". Pero no. Eso sí, el chaval sale tope modernete y guapete... Miradle:
Pero para interesante en EP[S] hoy, este artículo publicado sobre experiencias educativas en radios comunitarias.
Y para acabar este domingo con sabor a sábado (mañana es fiesta en Zaragoh2no!za), unos vídeos y una recomendación:
Con el primero de los tres vídeos, me veo en la tesitura moral de publicarlo aquí:
La recomendación, para mañana, la tercera edición del Roscón Rock, un espectáculo musical en la calle de los que merecen la pena. No os lo perdáis. Para abriros boca, os dejo con este vídeo de Amaral el año pasado en la Plaza Redonda:
Escuchando.- Ojos de Brujo - Vengue.
(*) La fotografía de Jimmy Peter proviene de EP[S] y está sometida, por lo tanto, a la política de copyright de El País. Más información en www.elpais.com.
Día completito, hoy. Ha dado para mucho. He pasado la mañana con el Papa pasando la ITV en Malpica y comprándome unas Adidas de estas modernetas en Argualas y luego, por las molestias, le he invitado a tomar un vermute en el garito de las tapas a medio euro de la calle Delicias. Hasta que han llegado estos, claro. "Hoy que estaba tu padre no me has saludado con dos besos", me ha dicho el majo cabrón del To. Menos mal que me lo he tomado a broma.
¿Que por qué habíamos quedado? Pues porque nos hemos ido a casa de Céline a comernos unas patatas con queso y cebolla que estaban divinas de la muerte y hemos pasado la tarde jugando al Tabú y esas cosas. Nada más allá de lo normal hasta que se han hecho las siete y pico de la tarde.
Pues vámonos al cine, hemos dicho. Dicho y hecho. Hemos usurpado la WiFi de algún vecino de Céline y hemos mirado la cartelera. La que pintaba bien era una de Mel Gibson, Apocalypto. Así que dicho y hecho, y la primera en la frente. Salimos a Duquesa Villahermosa a esperar a un taxi y el taxi que no llegaba. Total, que llamamos a Radio Taxi y pedimos uno. Claro que en dirección contraria pasaban taxis a tutiplén y ninguno hacia el centro. Así que, después de esperar un buen rato y ver el percal, pasan dos taxis verdes y paramos uno.
- Hola. - Hola, buenas. ¿Habéis llamado vosotros a un radiotaxi? - ¿Por? - Porque lo tenéis detrás. [pilladón] - Er... pues sí. - Bien, pues me pagáis los tres euros de la bajada de bandera y os cogéis el de atrás.
Total, que con tres eurazos de bajada de bandera nos vamos para el otro taxi, cuyo taxímetro ya marcaba tres euros con setenta. A saber de dónde vendría, porque los taxis para el otro lado subían todos desalquilados y ninguno había dado la vuelta en la rotonda. Estos taxistas... De bajada en el taxi se mascaba la tensión, un silencio sepulcral que lo cortaba todo.
Llegamos a los Palafox y, la segunda en la frente. ¡Fila 1! Total que aceptamos y entramos dentro tarde. Menos mal que no había empezado la película. Y, cuando nos damos cuenta... ¡oh no!, ¡cielos! Es de Mel Gibson y, queriendo emular a La pasión de Cristo está subtitulada y en original en... ¡quechua!
¡Qué bien! Menos mal que la fotografía es cojonuda, la ambientación también, los efectos especiales inigualables y los personajes muy bien actuados. Ahora sí, el guión pésimo. Que si los mayas, que si los aztecas,... Y un final tan imprevisible como malo. Cuidadín con las profecías de los aztecas, por cierto. Y con las veladas críticas a la religión, por muy Mel Gibson que sea. En un par de escenas puede desaparecer absolutamente toda tu Fe.
Salimos del cine tan jodidos de frío abrigados como patidifusos -por el final, por supuesto, que jode toda la película- y nos vamos a cenar al Pans & Company. La tercera en la frente, los descuentos no valen porque es sábado. Por mucha amenaza de artículo de blog que medie, nos quedamos a cenar. Bien, bocata y la cuarta en la frente. Todos los garitos de sentarse llenos hasta que llegamos a uno con una media de edad de unos 50 años. Menos mal que al final hemos subido en el 40 y, esta vez sí, el conductor no nos ha hecho la chasta.
Escuchando.- [qué asco me doy a mí mismo] Álex Ubago - ¿Qué pides tú?
Hoy es uno de los días más fríos del invierno. Y la verdad es que se lo tienen ganado todos esos que iban por ahí vociferando "pues este invierno no ha hecho frío". ¡Toma frío, gañanazo! Y entonces, cuando los osos nos metemos en nuestra cueva a hibernar es cuando, en el letargo de la habitación desordenada y con la cama sin hacer, vienen los recuerdos del verano.
Hablaba hace un momento con Alber de las largas noches de invierno que acaban en el amanecer junto a la tienda de campaña, acompañado de cultura, de recuerdos, de sentimientos, o simplemente, compartiendo un poto lleno de "agua" del valle en concreto en el que te hayes, con su color rojo, y sus cigarritos de compartir...
Cuando esto te viene a la mente, al recuerdo, entre mares de libros y hojas de folio, unas escritas y otras por escribir, es entonces cuando merece la pena esperar a que pase el invierno, aletargado, en tu madriguera, con tus libros, tus cosas que hacer, tu mantita y tu buen café.
Escuchando.- Fito & Fitipaldis - Por la boca vive el pez
Este fin de semana he estado con Gusi y con Cuki en Alforque, el pueblo de Gusi, celebrando las fiestas en honor a San Sebastián. Llegamos ayer en torno a las seis de la tarde y ya empezamos a darle al zumo de cebada, que nos acompañó durante toda la noche. En Alforque, celebran las fiestas haciendo las tradicionales hogueras de este mes. Impresionante fue la hoguera de Alforque, como impresionante ha sido el resacón de esta mañana, digno de los anales de la Historia.
Alforque es un pequeño pueblo de la Comarca de la Ribera Baja del Ebro, con capital en Quinto. Su ubicación, entre dos meandros del río Ebro configura un paisaje casi estepario, en el que el alabastro cobra especial importancia como elemento terrestre y decorativo. No en vano, la propia Casa Consistorial del municipio está decorada con este material.
El Ebro dibuja, pues, un sinuoso camino lleno de curvas. Alforque se encuentra en la primera de las curvas de la parte superior de la imagen. Justo a la otra orilla del río se sitúa Cinco Olivas, pueblo más conocido por el alabastro y, en frente de éste, también en la otra orilla, se encuentra Alborge. Cinco Olivas es el pueblo más cercano a Alforque de toda la comarca, pero también el que más tiempo cuesta llegar en coche, ya que no hay puente hasta Gelsa, unos 20 kilómetros más arriba, para poder acceder a él. Y yo me pregunto... ¿tendremos el placer algún día de visitar los posibles Galachos de Alforque?
PS: Desde hoy, en Fotolog.com, tengo un flog compartido con Gusi: Proyecto Aragonia , con fotografías de pueblos de Aragón.
A mí siempre me regalaba el Rey Baltasar. No preguntéis por qué, pero en todos los paquetes en mi casa ponía: "Para Alberto, del Rey Baltasar". Supongo que a mi padre, que preparaba los paquetes, le haría gracia el hecho de que existiese un rey negro, o quizá -que todo puede ser-, con ese gesto me estuviera educando en eso del respeto. Si no, ¡cómo me iba a regalar un negro! La historia es que recuerdo que, cuando venían varios, los mejores regalos siempre los traía Baltasar. Porque la tradición popular, recordar, atribuye el peor regalo de todos -o al menos el más barato-, la mirra, al rey negro.
Esta noche es esa noche mágica, y sigo recordando cómo mi hermana y yo nos íbamos a dormir a las diez de la noche y no podíamos dormir, dando vueltas en la cama. A la mañana siguiente, nos levantábamos a las ocho de la mañana, como muy pronto, porque habíamos estado toda la noche durmiendo con el ojo abierto esperando a ver si veíamos la sombra del Rey Mago o, luego ya después, cuando habíamos descubierto su identidad, se hacía de día y podíamos ver si nos habían hecho el regalo de nuestras vidas. A veces era así, otras no.
Un año en el que me tocó ayudar a mi padre a transportar los regalos hasta casa, mi hermana, que ya había descubierto parte del pastel, nos estaba esperando en el salón viendo la tele. De golpe, cuando abrimos la puerta, su curiosidad le hizo levantarse corriendo hasta la puerta, para ver si el resto del pastel era cierto, y se llevó el chasco de su vida cuando nos vio entrar con los regalos. Y es que... todo el mundo tiene una historia similar.
Yo, por ejemplo, fui presa del terror cuando, en primero de EGB, un día que faltó la profesora, el profesor suplente, nos explicaba el sistema solar. Una compañera le preguntó de qué planeta llegaban los Reyes Magos. Y él ni corto ni perezoso, dijo, el muy cabrón científico: "Los Reyes Magos son los padres".
Yo no quise creerlo, pero luego, en casa, me lo confirmaron. Y tú, ¿cuál es tu historia? ¿Cómo te enteraste del gran chasco de la Humanidad?
Hoy ha vuelto a venir mi amigo invisible y se me ha ocurrido escribir sobre un personaje tan peculiar en estos días como éste. En Navidad es habitual que estos pequeños personajillos, importantísimos para el Tajo Británico, acampen en las casas de un gran número de zaragoh2no!zanos. Por un lado, incitan al consumo, pero por otro, generan citas extremadamente importantes para la plebe, como la de hoy, en la que he recibido un genial regalo de mi amigo invisible: "O Prenzipet", traducción al aragonés del genial cuento para adultos de Antoine de Saint-Exupéry, junto con una de esas postales que se curra tanto Meryko cada vez que tiene que regalar algo.
Pero lo mejor de todo ha sido que he dado mi regalo de amigo invisible a Josh y lo ha abierto y era... ¡la edición especial del 50 aniversario de "El Principito"!, eso sí, en castellano. ¿Habrá pensado en mí Meryko de la misma forma que he pensado en Josh cuando le he hecho el regalo? No lo sé, pero supongo que esta noche no seré el único que visite el asteroide B612 en busca de varios amaneceres en menos de 10 minutos.
Ahora, que hablando de regalos de amigos invisibles, nada más freak que el tanga de golosinas que me regaló el Chavalín™ el día de nochebuena. ¡Lástima que no me lo llevase de casa en nochevieja! Un regalo, diferente, pero no por ello menos regalo. Los dos tienen su especial interés. Uno para el cuerpo... otro para la mente, porque ya se sabe... "mens sana in corpore sano" (¡amén!).
No, esta vez no es que caiga en el derrotismo de no tener nuevos objetivos, sino que esta vez voy a jugar al "Virgencita, virgencita, que me quede como estoy", dado que para mí, el 2006 ha sido un año realmente maravilloso, en el que por fin he dado el giro que quería a mi vida en todos los planos, aunque todavía queden reminiscencias de la anterior vida (vid. Nochevieja freak, rara y extraña).
No obstante, si la queréis por pura carnaza, allá va mi lista de propósitos de año nuevo:
Dejar de fumar.
Salir a correr al menos 10 minutos al día y apuntarme a un gimnasio.
Ahorrar para apuntarme al Toc Toc!
Encontrar al fin alguien con quien compartir mi vida (¡y mantener el amor!)
Reducir el gasto en teléfono móvil.
Podría haber más, pero creo que estas son suficientes.
Llega un momento en la vida de un blog en el que uno cree que ya ha contado demasiadas cosas, en el que cree que no hay temas para seguir escribiendo, ni cosas que seguir contando.
Generalmente esto sucede cuando has traspasado la barrera de hablar de política, de amor, cuando ya has publicado tus poemas, cuando ya has hecho realidad tus más grandes fechorías rodadas en vídeo, cuando ya has contado las fiestas de tu barrio o ciudad día a día y en primera persona,...
Reconozco que de los muchos blogs que he tenido, éste es el que más tiempo lleva activo y el que más cosas he contado. Sin embargo, creo que a este blog aún le falta algo, un toque intimista y real sobre mi mismo. Y no es que quiera que sustituya a mi tradicional diario (¡ni mucho menos!) sino que no me muestro en él algunas veces tal y cómo soy. Quizá, por eso de la estética, porque un blog también es estética. Y muchas veces, pongo por delante lo estético a lo meramente personal, no por ocultarme, sino porque es mucho más fácil así. Mezclar estética blogger y vida personal es difícil, y lleva más tiempo.
Mi primer propósito para el año 2007 es trabajarme más los posts del blog, mirar lo estético y no zambullirme en la red buscando de dónde traer el copy-paste. Ya se sabe, los propósitos de año nuevo no siempre se cumplen, pero al menos nos ayudan a reflexionar acerca de nosotros mismos y de las cosas que hacemos.
Lo último de lo último esta navidad son los christmas personalizados, en este caso como merchandising de J&B. Andaba yo hace un momento curioseando el blog, explorando posibilidades de mejorar y personalizar la plantilla, cuando veo la publicidad de la web de Nightology, y veo que ofrecen la posibilidad de enviar christmas personalizados con un monólogo de propósitos de año nuevo. Así que, como quería tener uno, me lo he hecho:
En mi casa lleva ya casi medio mes el belén puesto y, cada miembro de la familia, hemos puesto las postales que hemos recibido a su alrededor, en el mismo ritual que todos los años. En el trabajo, ya empiezan a sonar los villancicos con los que los chavales atormentan nuestras cabezas (reconozco que hoy he puesto yo alguno, pero sólo era para atronarles a ver si se sentían aludidos y los quitaban, sin surtir efecto). Además, me han llenado la pantalla del ordenador de ese hortera espumillón verde color logotipo cortinglés y me han puesto unas piñas y un tamborcito. Mi sillón-móvil tiene ahora también una bonita bola decorativa navideña...
Recuerdo que en años anteriores, alguno de los otros blogs que tenía los había maqueado con esto de la navidad, ilusionado; pero este año llevo viendo lucecitas ya mucho tiempo y me he vuelto casi como el hombre de la viñeta de hoy del Diario ADN, un activista antinavideño. La verdad es que la razón no es que me la traiga al pairo el nacimiento de Jesús. Lo celebraré como todos los años, pero en Nochebuena y con los míos. Y no pienso comprar ni un sólo regalo hasta el día de Reyes, como toda la vida se ha hecho en mi familia. Paso del gordo, del duende de Nochevieja y demás patrañas. Sólo regalaré el día 5 de enero por la noche.
Así que me resisto a ponerme navideño, al menos hasta el viernes, si es que me toca la lotería.
Unos amigos se fueron a Copenhague hace unas semanas y, frente al Palacio Real, mientras hacían el cambio de guardia, extendieron por Europa el Movimiento Vaca... ¡Qué orgulloso me siento!
La verdad es que aún no he tenido tiempo de pararme a reflexionar acerca de lo que ha supuesto para mi este fin de semana en el Pirineo, aunque haya publicado ya algunos flashes superficiales.
Es cierto que si hay una parte del Pirineo que me enamora, es sin duda alguna, el País del Sobrarbe. Quizá por sus pueblos pequeños y sus casas de piedra, por su olor a tradición, por su espíritu melancólico y antiguo, o por su belleza todavía no violada al completo.
Es cierto que esta vez no ha habido ibones, ni valles inexplorados. Sin embargo, es cierto que también he olido ese olor a tradición y ese espíritu antiguo y melancólico, en algunos lugares como el Camín de San Chaime, la Estación d'Os Aranyons o las ruinas de la vieja iglesia de Canfrán.
En mi enfermiza obsesión por el agua amplié mi colección de cursos fluviales ruidosos en el tubo, con un bonito vídeo del Barranco d'Ip, que se desliza desde el ibón para juntarse con el Aragón, ese gran río que da nombre al país, pese a que desemboque en otras tierras.
Y caminán, caminando, cruzando varios puentes, la llegada a Canfrán pueblo no se hizo esperar, tras una agradable bajada entre la hojarasca. ¡Qué bonito está el Pirineo en otoño!
Sobretodo en compañía, en buena compañía, de esa que sirve para desconectar del mundanal rüido. Esa misma que hace grapar los billetes del tren y de los autobuses en la agenda, esa misma que siempre está ahí para lo que sea.
Siempre en estado de espera... Sin mirar atrás... Pero sin ganas de olvidar...
Los tres de la misma persona. Ocultaré su identidad para no ganarme una denuncia por deferencia hacia mi amigo:
Momentazo 1: Nueve y media de la mañana. To sale de la ducha en pelotas. X pregunta: "¿Cómo se llama eso que salta de rama en rama?". No hay respuesta... A los tres minutos, mediando una conversación sobre otro tema, apostilla: "Y que tiene una novia que se llama Chita". Todo para decir que To se parecía a Tarzán.
Momentazo 2: Canfrán-Pueblo, en un bar. Nos presentan a Yaco, un pedazo dogo de la muerte. X habla con su dueña y le pregunta: "¿Pero es furo e inteligente o tontito?"
Momentazo 3: En una de las dos habitaciones del albergue, casi las doce de la medianoche y mediando kalimotxo: "Podríamos bailar la bambada".
Ya han llegado, pero no pueden entrar en el albergue hasta las cinco Lo que más me jode del despido es que ya tenía comprados los billetes para subir en el autobús de las cuatro y media y podría haber subido en tren con ellos... Me podrían haber dado el preaviso. ¡Prepárate Canfrán, que esta noche llego!
Acababa de comer después de volver a lidiar con mis 30 monstruitos del cole cuando me ha llamado y me ha sentado en una mesa. "Vamos a liquidarte", me ha dicho. Me ha puesto sobre la mesa el finiquito...
Me sonrío. ¿Cómo que no he superado el periodo de prueba? Pues eso, que no lo he superado... ¿Pero no era una semana? Estaba seguro de que en el contrato ponía "según convenio (1 semana)" y él me ha dicho que no, que era un mes... Bien, lo firmo. Llego a un ordenador y miro el convenio. Será de un mes para personal de adminsitración y servicios, pero deberá aparecer expresamente en el contrato. ¡Gilipollas! ¡Has firmado el finiquito!
Bueno, casi que me han hecho un favor estas monjitas de la "caridad". La explicación oficial era que habían encontrado personal voluntario para ocuparse del comedor (¡!). Pero claro, sale más barato contratar fijo discontinuo y que luego no superen el periodo de prueba que hacer contratos temporales de un mes y pagar la indemnización por fin de contrato... Casi que con unas "monjas cristianas" así no me merece la pena trabajar... Ahora me encaja lo de que mis antecesores durasen sólo un mes, ni les superaban los enanos ni se fueron porque encontraron algo mejor.
Por mí parte, se pueden meter por el culo agradezco enormemente la linterna que me regalaron el lunes, día que por cierto está fechado el preaviso del despido del que, también sea dicho de paso, me he enterado hoy, sobre la cual, hay una frase de un tal Amado Nervo:"Busca dentro de ti la solución de todos los problemas... Dentro de ti está siempre el secreto, dentro de tí estan todos los secretos... Y acertarás constantemente puesto que dentro de ti llevas la LUZ misteriosa de todos los secretos..." Por cierto, la linterna llevaba la imagen de la Virgen Milagrosa...
Milagro es lo que hace falta para que estas monjas prediquen realmente el Evangelio. De momento, el secreto que tengo dentro de mí, la luz misteriosa de todos los secretos, es esta: las monjas también se apuntan a la explotación laboral.
PS: Espero con cariño la llamada de la directora del colegio para que me comunique mi despido improcedente (ante el cual ya no puedo hacer nada, por haber firmado el finiquito), en lugar de mandar al vocero de la empresa de cátering. Por cierto, guardo los números en la agenda del móvil y aún me acuerdo del #31#. También tengo algún bote de espray por casa...
PS2: Paradojas de la vida, hoy he votado para el Consejo Escolar (estaba en el censo), pero resulta que no era miembro de la comunidad educativa, puesto que esto no sucede hasta que no superas el periodo de prueba. ¿Alguien se anima a impugnar las elecciones?
PS3: (quizá el que más me preocupa, soy así de gilipollas...) ¿Es positivo para los chavales andar cambiando de referente educativo en el comedor, aseo, higiene y posterior recreo cada mes? ¿O es que el monitor de comedor debería llamarse policía de comedor, no educar y limitarse exclusivamente a que los chavales no se desmadren?
La Tierra da vueltas sobre su propio eje y todos estamos avocados a acompañarle en su viaje. Quizá sea un viaje estúpido ese de dar vueltas sin sentido sobre el mismo eje, pero gracias a ellas, tenemos los días... y tenemos las noches, y las estrellas (nuei d'estrelas), y la luna (ilargia...) y también los eclipses. Son cosas bonitas que se producen al girar la tierra sobre su propio eje. La vida también da vueltas sobre su propio eje. Hay veces que creemos que hemos superado algo, pero de golpe y porrazo, volvemos al mismo sitio, como un tiovivo que gira sobre su propio eje.
Lo de los tiovivos tiene también su aquel. Más que nada por lo de volver a la infancia. Uno no es siempre niño. La vida es como un tiovivo que decía. Tan pronto eres niño, como adulto, como te sientes el más desdichado de los ancianos en soledad, pero de pronto, vuelves al mismo sitio y vuelves a ser niño. Mirando al tiovivo con los ojos como platos, pensando que montarte sería lo más bonito. Con esos colores vivos, con esos seres imaginados que lo pueblan, con sus luces... A dar vueltas sobre el mismo eje.
La vida es como un tiovivo. Da vueltas y, cuando se para, acaba el viaje. Nunca debemos parar de dar vueltas, aunque sea sobre nuestro propio eje.
Hasta hace bien poco el móvil seguía debajo de la almohada, esperando a que alguien se acordara de mi. Mikel Erentxun atrona en la habitación y por la ventana, las nubes han vuelto a ocultar el sol. Es 5 de noviembre, domingo. Un domingo más de otoño que hace recordar mejores épocas, o al menos épocas en las que el corazón no tenía motivos para preocuparse. Aunque las cosas están ya bastante claras por ambas partes. Hemos sido gilipollas.
Va ya camino del mes esta historia de nunca acabar. O casi mejor dicho, de nunca empezar. Va camino del mes de estúpidas tardes esperando que el móvil sonase, aunque sólo fuera una perdida, no ya un mensaje que me invitase a quedar. Y hoy, puedo echar la vista atrás y ver qué he vuelto a ser un gilipollas, esperando que la historia que quedó clara desde un principio se convirtiera en otra de estrellas (nuei d'estrelas), tan románticas como las de Sobrarbe.
Uno tiene altibajos a veces y se pierde. Se pierde por un mundo irreal, de sueños, de fantasía, que le enfrenta al más duro invierno con la más patética desnudez. Hoy, he vuelto a leer -y oír- a Alber. Era incondicional en su blog hasta que un día me lo encontré cerrado. Me dio rabia. Ahora ha vuelto.
Pues bien, hay veces en las que piensas que este momento de fantasía, de utopías y de sensaciones en el que a veces uno se mete, no es sino para evadirse de una realidad que queda ahí fuera, fuera de tu burbuja. Cuando la rompes -maldito jabón, por qué será tan volátil-, te encuentras de nuevo sin tu propia protección ante el mundo.
Pero es que a veces te das cuenta de que alguien grita como tú que todo es una mierda.
"La vida es muy distinta a como la hube planeado".
PS1: Mi blog ha echado humo estos últimos días y ha incluído demasiadas rayadas. En unos días volverá a la normalidad (espero).
PS2: Sábado sin salir... Y eso que tiene una hora más.
Hay veces en las que sientes que todo te desborda. Hay veces que te gustaría escaparte a las antípodas de la tierra, pero te tienes que conformar con pasear cabizbajo por el barrio. Hay veces en las que uno piensa que sería más feliz si no fuese tan reflexivo, ni tan sensible. Hay veces en las que uno piensa que la ignorancia es la mayor de todas las felicidades. Hay veces...
Hay veces en las que la llave es marcharte al lugar indicado, con la persona indicada. Recuperar la esperanza... y volver.
He encontrado en un blog un post titulado ¿Qué hacía yo...? Así que, evidentemente, no me he resistido a transportarlo al mío...
¿Qué hacía yo hace 10 años? El 29 de septiembre de 1996 comenzaba el último curso de la EGB en Agustinos. Había miedo y tensión en el ambiente porque éramos "los mayores". Y es que existía un halo mágico alrededor de "los mayores", no sólo por lo que suponía en lo que se refiere a contenidos académicos y disciplina, sino también porque suponía cerrar un ciclo y subir al piso de arriba, donde todo era completamente diferente al de abajo, diferente al claustro con palmeras. Recuerdo que fue entonces cuando decidí dejar los Agustinos y hacerme carne de instituto público, por gracia o por desgracia. Estaba descubriéndome y descubriendo a los demás, con sus cosas buenas y con sus cosas malas. Estaba, en definitiva, iniciando la adolecencia.
¿Qué hacía yo hace 5 años? El 29 de septiembre de 2001 comenzaba el primer curso de la universidad y había decidido dar carpetazo a esa adolescencia obligada que me llevó a volver a abrirla pocos meses después, siendo, junto el resto de compañeros y ahora amigos, uno de los "notas". La verdad es que ser el "notas" que no fui en el instituto me llevó a pasar tardíamente unos de los mejores años de mi vida, una segunda adolescencia que ahora estoy empezando a cerrar.
¿Qué hacía yo hace 1 año? El 29 de septiembre de 2005 hacía poco que trabajaba en Carrefour, en donde había entrado después de que Víctor viese un cartel en el que demandaban trabajadores. Me quedaban todavía dos asignaturas para acabar la carrera, pero juzgué necesario empezar a cotizar, sobre todo para ir ganando perricas y poder ir tirando. Después vendría Sabeco y los campamentos y, ahora, parece que empiezo a asentarme laboralmente en un campo que me gusta. ¿Dónde estaré el año que viene?
Había una película de Astérix, Las Doce Pruebas, en la que él y su amigo rellenito pasaban una dura prueba con la burocracia romana en busca de la fórmula A38, mediante la cual pasarían una de las pruebas con las que llegarían al Olimpo. Mi Olimpo hoy es el de conseguir la Diplomatura y las doce pruebas son las siguientes:
Hacer un trabajo de 75 folios en una semana.
Presentar el trabajo y aguantar la mala cara de la profesora.
Hacer cola en secretaría con todas las modificaciones de matrícula para solicitar el título.
Hacer la cola en la iberCaja para pagar los 62,07 euros que cuesta.
Volver a hacer cola en secretaría con todas las modificaciones de matrícula para decir que lo has pagado.
Esperar un año.
Volver a hacer cola en secretaría en medio del proceso de matriculación para recoger el título.
Total, que de momento van 9 pruebas superadas, camino de la esquizofrenia, para conseguir un papelaco firmado por el Rey (que debe estar muy ocupado felicitando a su hijo por su nueva descendencia) y sellado por el Gobierno que diga que ya tengo una carrera y que tardan un año en hacer. Y es que la burocracia, señores, a veces es más difícil que superar las asignaturas de la innombrable.
PS:Irene, hoy había quedado contigo a las 10 en tu facultad y no había Irene. He estado una hora esperándote y no has aparecido. Al menos, sí que ha aparecido Salva (sí, ese Salva), y he estado un ratico babeando charrando con él...
He vuelto a madrugar y a las diez estaba como un reloj en la puerta del despacho. ¡Tachán! Absolutamente nadie. Se me había olvidado -supongo que por la práctica ya- que hoy era el primer día de clase y que, por lo tanto, la innombrable debería estar dando clase, así que bajo a mirar al aula y tampoco había nadie (era el primer día, of course). Entonces es cuando empiezo a dar vueltas por la facultad, de aquí para allá. Me encuentro con Elena de nuevo. Me dice que su hermana empieza filología hispánica. ¡Qué suerte que no es trabajo social!, pienso. No va a tener que aguantar a los profesores contra los que sólo un pequeño grupo de elegidos estamos inmunizados.
Por segunda vez subo al despacho y, mientras bajo las escaleras, me vuelvo a encontrar a Jony, con quien vuelvo a pasar media mañana buscando a la innombrable y comentando sus jugadas. Salgo fuera. Mientras me tomo un café con hielo en vaso de plástico sentado junto al estanquecillo me viene a saludar Álex, mi acampadete, que ha empezado primero de trabajo social (no sabe lo que le espera). Como ha dicho Jony, es preocupante esto de que dos generaciones, las de monitores y acampados, se encuentren en la universidad.
- Hoy empiezo - me ha dicho él. - Yo acabo hoy - iluso de mí, le he respondido.
Al final, a las once, aparece en su tutoría, y le entrego el proyecto. Esperaba que mirara las cuatro cosillas que me había encargado y me aprobase, pero cuál es mi sorpresa, cuando me dice:
- Pásate mañana. - ¡¿Mañanaaa?! (como si no tuviera cosas que hacer). - Sí, mañana. Mira lo que tengo que corregir.
Un taquillo de nada tenía, así que me salgo fuera y me cago en todo. Mañana quinto día consecutivo bajando a la escuela. Espero que al menos sirva para algo, porque si no me va a dar un mal. Resulta que voy más ahora a la universidad que cuando tenía clase...
Me he decidido a madrugar y a las diez menos cuarto estaba como un reloj en la puerta del despacho y ya había cola. Me he encontrado con Jony, un viejo colega de la universidad que, sin embargo, nunca llegó a ser compañero y que me ha aguantado el lloriqueo y el cabreo (gracias, co!).
En estas que me pongo a hablar con él del capítulo de Queer As Folk de ayer y sale -lo voy a decir- el Guti del despacho y me dice:
- Hablas muy alto, tengo tu voz oída por aquí durante muchos años. - Será porque, gracias a tí entre otros, llevo más años de los que debiera - me sale, sólo, e incluso sin pensar.
Total, que del cabreo, me bajo a fumar un cigarrillo y me encuentro con Elena, a quien le cuento el culebrón de ayer y me dice que no desespere. Apago el cigarrillo saludando a las nuevas cámaras de vigilancia de la escuela y subo de nuevo al despacho, donde gentilmente me han guardado el turno. Entro finalmente a revisión y consigo encontrar mi proyecto entre el gigantesco tocho de suspendidos. Lo cojo, y sin sentarme, me pongo delante de la innombrable y, esta vez sí, me mira a la cara y me dice que el análisis de la realidad no se corresponde con el objeto de intervención. Le defiendo que tomé las sugerencias que ella misma me hizo el año pasado para hacer el proyecto y, finalmente, tras discutir acerca del sexo de los ángeles y de la conveniencia o no de pagar 200 euros para aprobarme sin hacer examen, consigo que me permita presentar mañana el proyecto con las modificaciones que me sugiere. Acepto, salgo y me voy corriendo a tomarme tres cafés -mierda de cafés por cierto los de la universidad, que además los han subido diez céntimos-. Me cago en todo, pues hoy era la presentación del nuevo disco tributo a Ixo Rai! , que llevo esperando desde hace un mes. Logré acabar las modificaciones a las cinco de la tarde. Si es que, en el fondo, soy Dios.
PS1: Al final he ido a la presentación y ya tengo el disco tributo a Ixo Rai!, pero me reservo la crítica musical para cuando pueda hacerla con más serenidad.
PS2: Con respecto a los currículums míos de los que hablaba ayer, he de decir que he recibido un mail de uno de ellos diciéndome escuetamente y con menos de 10 palabras que muchas gracias por concursar. Con respecto al otro... a las diez y veinte de la noche he recibido una llamada comunicándome que desde el 2 de octubre voy a ser técnico sociocultural de una asociación del barrio... Al menos a media jornada.
- ¿Me ayudas a pegar unas notas en la pared? - Me dice con las hojas y un rollo de celo en la mano. - A lo mejor son hasta las que vengo a ver - Le digo - ¿Me las dejas ver primero? - Te esperas a que estén colgadas(¡!)
Eran las cuatro y media, más o menos. La primera en la frente. Un 3. Suspenso de nuevo. Mañana iré a revisión. Ahora viene lo surrealista...
- He cambiado los criterios de la evaluación de la asignatura para el curso que viene.
¡Sorpresa!, pienso.
- Los puedes ver en este cartel - dice señalándolo.
El cartel viene a decir algo así como que, debido al cambio de la fecha de las convocatorias, su asignatura tendrá las tres convocatorias en enero, febrero y septiembre y que, como ella pensaba que los proyectos que hay que presentar para superar la asignatura se deben hacer durante las prácticas que tienen lugar en el segundo cuatrimestre (¡qué ilusa!) y, por lo tanto, los alumnos los presentaban en junio (¡qué ilusa!), ella no podía obligar a sus alumnos a acabar la carrera en el mes de septiembre (tururú). Por eso, a partir del curso 2006-2007, para aprobar la asignatura sólo hacía falta aprobar el examen (70% de la nota) y participar en las clases prácticas y entregar los trabajos prácticos (30% de la nota).
¡Genial! No sólo por haber hecho el proyecto como un gilipollas y haber perdido dos semanas del mes de septiembre esperando a que saliera una nota, sino también porque guarda las notas, tanto del examen como de los trabajos prácticos. La crítica del libro, además, hecha el año pasado, ya no sirve para nada...
- Te tendrás que matricular el curso que viene, decirme lo que tienes aprobado y te aprobaré la asignatura - dice.
Guay, pagar para que me aprueben la última asignatura y tener el título. Toda una muestra de buen funcionamiento del sistema educativo, pienso. 9 créditos en tercera matrícula... 195,39 euros (más tasas) ¡por una asignatura que con los criterios de evaluación del año que viene ya tengo aprobada!
No, si cuando digo que gracias a algunos yupies de despacho de universidad me están quitando las ganas de ser trabajador social lo digo por algo... Así que nada, camino del sexto año matriculado en trabajo social, con todo menos dos asignaturas aprobadas desde hace tres cursos (en la fecha que marca el plan de estudios) y asqueado por dos profesores que han conseguido que, a día de hoy, el título me la bufe. ¡Bendita vida universitaria! Mañana iré a revisión y le contaré todo esto a la profesora. A ver qué me dice. Prometo contar el siguiente capítulo del culebrón.
Me dice Diegovía messenger que hoy es mi gran día. Hoy sale la nota de mi proyecto, el mismo que me suspendieron en junio. Pero es que yo me pregunto ¿y ahora qué? Si apruebo saldré de la Universidad de Zaragoza con un título de Diplomado en Trabajo Social que me va a servir para bien poco. Aunque la verdad es que sí que me gustaría ejercer como tal, como decía en junio, algún que otro yupie aposentado en su despacho de universidad me ha quitado las ganas. Y, además de eso, sé que son pocas las entidades de Zaragoh!za que hacen buen trabajo social. ¿Y si no apruebo? Si no apruebo voy a pagar otros 9 créditos en tercera matrícula para cursar por cuarto año consecutivo la misma asignatura constando en mi expediente los tres años anteriores como no presentado. Todo un desafío para cualquiera. Serían seis años haciendo una carrera de tres.
Pero es que creo que lo que más pánico me da de todo es tener por fin el título y no servirme para nada. Ser un trabajador social más en la cola del paro en busca de un trabajo de reponedor del Sabeco. Yo, que lo dejé ilusionado por mis nuevos curros de verano y por la inminente finalización de la carrera. Y el objetivo de todo ello era, dedicar el mes de septiembre "a buscar curro de lo mío".
Aún hay colgando por ahí dos currículums míos que no sé muy bien para qué servirán. Para más INRI. Esta semana va a ser movida. Primero, la carrera, y después el trabajo. ¿Lograré dos de dos? ¿Uno de dos? ¿O ninguno? Si es ninguno aún queda la posibilidad de escapar, el invierno es largo y duro, y el Pirineo siempre necesita gente... junto a las pistas de esquí.
Zaragoza mola cuando llueve. Se ha hecho esperar una semana, pero finalmente ha llegado la lluvia. Los hermosos cumulonimbos se han posado sobre la ciudad y han descargado agua, rayos y truenos, en una preciosa combinación en forma de tormenta. El calor se despejó y ha dejado paso a la frescura otoñal que tanto llevaba demandándole a Eva Berlanga (uno | dos).
Atrás queda el verano, pero esta vez, no es sólo un sentimiento amargo de recuerdos de buenos momentos, sino más bien, un sentimiento hacia el futuro, hacia un otoño cargado de emociones, historias y lluvias. Porque es que Zaragoza mola cuando llueve.
Aún recuerdo cómo el coche gritaba y sufría mientras pedazos de hielo del tamaño de una nuez golpeaban con fuerza el capó y las ventanas al lado de Walqa. Y resistió. Y recuerdo también cómo el campeón se hizo en menos de una hora alrededor de 50 kilómetros para llevar a un niño gafotas desdentado al médico y a comprarle Ibuprofeno al valle de al lado. Y resistió. También recuerdo las mañanas perdidas por la ciudad, en la que la dormidera impedían ver el camino correcto por una ciudad en obras, mientras buscábamos la ficha de algún acampado en las Delicias... Y resistió.
El FedeMóvil siempre ha estado dispuesto para todo, para lo bueno y para lo malo, para llevar y traer, era una buena persona. Su recuerdo siempre estará con nosotros, subiendo puertos, rolando por carreteras terciarias en nuestro amado Pirineo. Es triste ver morir a alguien, pero más triste es que te lo maten. Los desgraciados que han acabado con él no saben que han acabado con muchas historias en ese coche, con mochilas e ilusiones, con botellas de ron y frascos de Ibuprofeno en suspensión, con el cálido recuerdo de un castorcillo hablando de la Selección Nacional Argentina mientras estaba dolorido tras perder un diente...
Hoy, sólo podemos recordar. Y salir en búsqueda de los cabrones que nos lo han robado. Al menos, para expresarles todo lo que nos han robado. Descanse en paz.
PS: La semana pasada le robaron el coche a Federo y le pretaron fuego en Las Fuentes.
El sábado disfrutaba yo de una salida nocturna por Tarazona, para la cual me levanté el pelo con mi consabida cresta. Saliendo de un bar y subiendo calle arriba, un tío disfrazado de algo parecido a Bob Esponja, o al menos, metido dentro de una caja de cartón con un agujero en la cara, me empieza a cantar la gallina Turuleta, vacilándome y cogiéndome del hombro mientras se sonreía: - La gallina Turuleta, ha puesto un huevo ha puesto dos, ha puesto tres...
A lo cual para librarme de su soba y su guaza, le rajo: - Con que me pusieras tus dos huevos encima, a lo mejor me hacías feliz.
Se calló durante dos segundos, masticando la frase, me soltó, puso cara de miedo y articuló un nervioso "Noooo" que fue el momento idóneo para escapar de su borrachera y despollarme yo de él. Poco después, pasó una zagalilla morena de pelo rizado en un bar. Se me quedó mirando y le dije:
- Yo a tí te conozco.
Perpleja, ante tal afirmación, duda y me responde.
- No.
A lo que yo le vuelvo a responder.
- Que sí que sí, que yo a tí te conozco.
Me vuelve a mirar dubitativa, sabiendo que no me conocía de nada. Finalmente, rompo el momentazo y le suelto:
- Tú sales en mis sueños.
La chica se sonríe y me da una caricia en el hombro.
Conmigo iba mi primo el vasco y un primo suyo de Bizkaia. Su primo empieza a vacilar a unas zagalas. Les cuenta que él es vasco y, en un determinado momento, les pregunta si son de Tarazona. Ellas les responden que sí y él les pregunta que si son de verdad nacidas en Tarazona, porque sabe que allí no hay hospital. Intervengo yo:
- No, serán de Tudela, Euskal Herria.
El primo de mi primo remata con bordón la vacilada:
- Anda, pues si sois vascas como yo. ¡Ya me puedo liar con vosotras!
Acaba la noche sentados en un banco en el paseo, dando las buenas noches a todos los que pasaban y comentando a todos los enamorados que pasaban lo buenas parejas que hacían...
Estoy en un bar del que no importa el nombre. Sólo que hay una abuelilla que sonríe hablando con el camarero y se sienta a esperar su café. Estoy acompañado, pero después de este verano me encuentro solo.
Vivo en una ciudad de setecientos mil habitantes y me encuentro en la más absoluta soledad, sin nada que hacer, sin objetivos ni a corto ni a medio plazo, sin horizontes hermosos a los que mirar.
Sabía que volver a Zaragoza significaba enfrentarme con esto, con volver a ver a esas abuelas en sus últimos días, en la soledad de la gente mayor, y sentirme identificado con ellas.
Se tomá el café y, cojeando, se encamina al servicio. Mientras se va echa una servilleta a un cenicero de una mesa cercana. Un chaval que no llegará a los 30 se le queda mirando. Está leyendo algo que parece un informe, trajeado, nervioso, aplastando en el cenicero, al igual que yo, un cigarrillo tras otro.
Esto es lo que trae Zaragoza, compañía anónima en la más absoluta soledad; sentirse rodeado de gente y creerte como una de las estrellas perdidas del cielo, un grano de arroz en una paella dispuesto a convertirse en nada en el estómago, devorado por el sistema.
La abuela sale del servicio y conversa con otra mesa en la que hay un hombre mayor acompañado de tres mujeres de mediana edad. Parece feliz con sus nuevos amigos, vuelve a la mesa y se sienta para darle fin a su café.
La Sexta emite otra de las muchas cabeceras de series compradas en el rastro y que se suceden una tras otra con el volumen apagado mientras Green Day o cualquier otro grupo que da al bar un toque juvenil y progre pese a su ambiente yuppie e impropio del barrio, suena por los altavoces. Se nota el verano, pero ya no estoy en él y este paréntesis, compartimiento estanco, se queda aquí, sin continuidad, ni con las personas, ni con los hechos, ni con las ilusiones, ni con la vida.
La ciudad... ¿no era el lugar de las oportunidades?
16 de agosto, a media tarde, entre Zaragoza y Gallur. El cielo está cubierto y los rayos del sol apagándose casi en la línea montañosa riojana le dan un color azulado, impropio del alegre verano. Atrás quedan ya los planes, las realidades y los futuros.
Frente a mí, que miro a través de la luna del que, estoy seguro, no será el último autobús del verano, los aerogeneradores bailan al ritmo del Nothing else matters de Metallica, mientras levanto la vista de una narración de Lucía Etxebarría, endemoniado ante tal bucólica imagen.
Al fondo, el Moncayo, azul, orientado de tal manera que las Peñas de Herrera resultan como una muela inclinada de este a oeste. Para mí, que estoy acostumbrado a verlas desde el norte, resulta un nuevo punto de vista de algo cotidiano. Pienso que es una bonita metáfora y la retengo en mi mente para utilizarla en un futuro.
Es curioso, pensé. Esta imagen era para mi hace unos años el principio del verano. Hoy significa su decadencia, sus últimos días, el intento vano de prolongarlo hasta el último límite posible.
Atrás quedan ya las experiencias nuevas de este verano que me atreví a diseñar, casi instintivamente y no sin miedo e inseguridad, aquella mañana de sábado al salir del trabajo, después de poner fecha a mi finiquito.
A veces hay que echar los dados y esperar el resultado, sobretodo cuando el sentido del rumbo no es claro, aunque las redes estén llenas. Siempre habrá caladeros más hermosos y con mejores vistas, colores en el cielo y en el mar más bellos y compañeros de viaje que calen hondo.
Este verano, sin enterarme de que estaba trabajando, he conocido muchísimas personas que me han ayudado a ordenar prioridades, pero sobre todo, he conocido a más de 150 chavales que me han enseñado más de la vida incluso que muchos amigos, con los que he compartido momentos que puede que hayan encendido en mi la chispa de la segunda adolescencia, como si me hubiese metido de lleno en el mundo de Peter Pan y todos ellos fuesen Campanilla. Y que, además, con su magia, me hayan acompañado a buscar a mi niño perdido a Nunca Jamás. Y eso que yo era el monitor, quien debía guiar su Campamento. Al final fueron ellos quienes guiaron también el mío, sin yo siquiera haberlo esperado, y sin notarlo en el momento, sino después, saboreando los recuerdos.
Y es que la vida da muchas vueltas en tan sólo un año. Ya lo dijo uno de los compañeros de este verano, cuando echamos la vista atrás, patxaran en mano, en una de las muchas noches frías de Albarracín. Nada más lejos de la realidad. Ahora sólo hay que comenzar a construir los momentos del futuro.
Al igual que la Zinca , también la Esera tiene historias de agua, tan asentadas en el Alto Aragón. Agua que fluye, agua que cae desde las alturas, agua que se esconde, agua que se une, se empantana y se embalsa. Agua que modela, agua que se embotella , agua... En definitiva, vida.
Recuerdo las palabras de Jesús, mi pequeño acampado de JuveLino, en las que decía que el agua de la Zinca en Pineta simbolizaba la vida. Y por eso la atrapó en un bote, el bote de la vida. Y tanto... Yo añadiría más. Aquel agua no era sólo el agua de la vida. Era el agua del inicio de la vida, el agua del curso alto del río, la que todavía tiene camino por delante hasta el mar. Recordemos a Jorge Manrique; "Nuestras vidas son los rios / que van a dar en la mar, / que es el morir".
Tocar los ríos de la montaña es como tocar el inicio de la vida, como transportarte a una infancia feliz en la que dejar de lado nuestro mundo adulto de la ciudad. A veces, los ríos desaparecen bajo la piedra, como en el Forau d'Aigualluts, transportando el agua, transportando la vida joven a otros lugares, a nuevos horizontes, nuevas metas y nuevas personas y sensaciones. O sensaciones conocidas, pero olvidadas por la propia vida adulta. Absurdo invento (ver 15 días en agosto).
Mañana es mi último día entre lineales. Mucho ha llovido desde mi post en mi antiguo blog en el que contaba lo realmente exitante que es hacer Trabajo Social con inanimadas botellas de todo tipo de líquidos a las seis de la mañana. Pero, pese a ello, guardo buenos recuerdos de Sabeco , no sólo por la buena relación con las compañeras de trabajo, sino también por las experiencias de contacto con la gente.
Me quedo con los clientes, y no sólo con esos que te atropellan con el carro cuando estás reponiendo de rodillas, los que quieren que les atiendas pese a que tengas diez mil tareas, los que te sacan de tu trabajo para pedirte una botella de algo o los que te llaman gordo a la cara mientras les cobras en la caja. No me quedo sólo con esos clientes diarios que, con nombre y apellidos, intentas evitar cada vez que entran por la puerta a desmontarte un lineal, a decir lo mal que está todo o a decir que vendes muy caro, esos mismos que no han trabajado en su puta vida y no conocen lo que es levantarse a las seis de la mañana para descargar y reponer, ni tampoco para hacer ninguna otra tarea.
También me quedo con esos que tienen claro que estás trabajando, que no estás allí por gusto, aquellos que, pese a que seas un puto reponedor, miembro de una clase trabajadora inferior, te tratan con respeto, no te juzgan, evitan molestarte en tu trabajo e incluso te animan día a día a seguir allí. Y al igual que los clientes, las compañeras, los transportistas -los que sí merecen la pena-, los reponedores de las distribuidoras,... La verdad es que trabajar en Sabeco ha sido una experiencia que será difícil de olvidar.
Ahora queda la esperanza de encontrar un trabajo más acorde con mis propias inquietudes, que no sólo me aporte dinero, sino que también me aporte ilusión y ganas de hacer las cosas bien.
Las canciones del verano tienen dos propiedades básicas. La primera es que cuando suenan, suenan tanto que al final se convierten en odiosas y machaconas canciones que rayan las neuronas hasta casi su desaparición. La segunda es que cuando ya ha pasado el verano, los meses e incluso los años, las canciones del verano, cuando aparecen en tus oidos, automáticamente ponen en marcha la máquina de los recuerdos. Y dejan de ser machaconas.
Lo primero que me choca es que, cuando vuelvo a escuchar una, automáticamente, sin equivocarme, me viene el año a la cabeza; y con él, una serie de recuerdos, recuerdos que, si son ordenados cronológicamente, ordenando las canciones, pueden incluso ordenar cronológicamente hechos aislados en el recuerdo, dándole un sentido diacrónico. Pero es que eso no es todo, sino que además, una canción del verano, suele llevar unida a si misma el recuerdo de un lugar, en el que la canción ha recobrado un especial significado en la vida personal de uno mismo. Así, personalmente, el Saturday Night (1993) me recuerda la plaza de mi pueblo, el Tiburón (1995) y el Venao (1996) me recuerdan la carpa de las fiestas del pueblo, "El toro y la luna" el Campamento de los Agustinos y, más concretamente, el espacio que había debajo del comedor, junto a la sala de monitores, "María", la de Ross (1999) y "Blue" de Eiffel 65 (1999), el viaje de fin de curso de 4º de ESO en Palma de Mallorca, con la ubicación y distribución concreta de un pub, el "Dragostea din tei" (2004), las fiestas de Biniés,...
Y eso sin entrar en las importantes etapas de mi vida que me vienen a la cabeza cuando las canciones me recuerdan los años y, me recuerdan, que pese a ser canciones del verano, iban primero en una cinta, luego en un CD y ahora en un MP3... Los sociólogos encontrarían, sin duda alguna, en este asunto, un interesantísimo objeto de estudio.
Y toda esta reflexión me ha llegado porque Jaime me ha pegado hoy en el messenger un vídeo, el de "Blue", de Eiffel 65.
Odio que me hagan esperar. Pero odio más que sean dos horas, en la puerta de un remoto despacho de una remota facultad, mientras fuera la tormenta hace presagiar el caos. Muchos nervios, gente, gente y más gente. Sonrisas, saludos, preguntas, consenso insultando,...
Odio entrar dentro, dos horas después y que, cuando entro, ni me miren a la cara. Odio que la última asignatura para acabar la carrera dependa de una profesora que cuando entro no responde el Buenas Tardes. Sólo dice Espera. La miro, tecleando en el ordenador, en una página de word, escribiendo algo sobre la profesión. ¡¡PERO ES QUE NO COMPRENDE QUE MI CARRERA DEPENDE DE ESTA CONVERSACIÓN!!
Odio que cuando, finalmente, tras tres minutos de espera, sentado en el despacho, maldiciendo mi jodida suerte, sólo me dedique uno, para decirme que el tema del proyecto no tiene nada que ver con lo que se pedía. Ya lo había supuesto: sólo había una anotación en la primera página, ninguna más en todo el trabajo. Mis sospechas eran ciertas: ¡Me habían evaluado por el título del trabajo!
Salgo por la puerta como había entrado, no tenía esperanzas, pero pensaba que las habladurías no serían tan ciertas... Hoy lo he comprobado.
Odio a los yupies de despacho de universidad, que nunca han hecho calle, que sólo han mamado teoría y que te evalúan un trabajo por el título. Los odio, pero no porque de ellos dependa mi carrera, sino porque han hecho que la profesión a la que me quiero dedicar me cause la más completa de las indiferencias.