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Rincón Olvidado

El megapost (zumo concentrado fermentado a base de cebada y tres días de Pilares)

El megapost (zumo concentrado fermentado a base de cebada y tres días de Pilares)

La virgen quedó muy chula el jueves, con su manto de flores de mil colores. Al final bailamos sobre el escenario "El Monte" y "Las Ovejuelas" y, aunque me equivocase un par de veces y no me salieran las vueltas, la verdad es que volver a bailar en medio de la Plaza del Pilar el día grande tiene su morbo... Eso sí, eran las cinco de la tarde cuando empezamos a comer, frío, el menú pilarista de 30 eurazos de La Noguera, junto a Grancasa.

Me hice con una entrada para el concierto de los Celtas, The Locos y el Koala en Interpeñas (y eso que juré que no iba a ir), para no tener que guardar cola para sacar la entrada de la verbena. Ya se sabe cómo está todo el día 12, que no hay alma que pise nada por ningún lado y las entrabas andaban ya desde hacía 48 horas agotadas en los cajeros.

Después de tomar una gigantesca Franziskaner con los danzantes en el Canterbury del Actur y de la previa parada por casa para ducharse y quitarse el disfraz de danzante, subí a casa de Cuki, donde él, Mery y Antxon llevaban ya un buen rato deglutando un par de pizzas de lo más suculentas. Charramos, comimos, echamos unos tragos, escuchamos música y salimos hacia Interpeñas. De camino, pasamos por las Ferias y, Antxon y yo malgastamos el dinero en una atracción mal llamada Ratón Furioso (o algo así) que no daba canguelo ni nada. Pero para canguelo, el que pasamos junto con Cuki en un girasol rarísimo que tenía TRES EJES de acojone impresionantes. Yo, al menos, creí que perdía la virilidad.

Aunque The Locos ya había empezado, logramos colocarnos en un lugar bastante cercano al escenario. Yo no sabía que Pipi, el de Ska-P había montado otro grupo, pero la verdad es que algo de tilín sí que me han hecho los sones, algo comerciales, pero digeribles que cantaba. Sin duda alguna, la peor decisión de la noche fue poner a los Celtas Cortos de teloneros de el Koala. Los celtas magníficos, como siempre, con la voz de Cifuentes, que hacía años que no se oía por estas tierras, desgarradora, diciendo verdades como puños. Pero para puños los que le habría clavado a el Koala después de cantar dos veces Opá, yo viacé un corrá. Y es que no es lo mismo escucharla en directo en un concierto por el que has pagado 17 euros en Interpeñas que escucharla en el pabellón de la fiesta de la cerveza del Parque de Atracciones.

Al poco rato de acabar el concierto me fui hacia casa asqueado, gente y más gente, mierda y más mierda, pis y más pis,... Al menos conocí a un chaval majete de Nou Barris con el que practicar mi catalán etílico de San José.

Y al día siguiente... ¡comida resaco-familiar! en Los Mallos de Riglos. Sobremesa sin humo en Torrero y paseito por el Centro. Me hice con una caja de Chesitas en la muestra de artesanía y luego paseamos por Independance, viendo algunos espectáculos de calle con los que mi primo Jorge flipaba. Luego, capuccino (con chesitas) en el Cafe di Roma y vuelta al barrio a las ocho de la tarde.

De pasada por la Plaza Redonda, volví a parar, por puro morbo, en la garita de la Expo.

- ¿Qué tienes nuevo? - dije.
- Nuevo de qué.
- No sé, algún panfleto.
- Este, este y este.
- Estos ya los tengo, este no.

Me voy a ir.

- Oye, ¿no querrás hacerte voluntario de la expo?
- NO - No tarde en responder.
- ¿Y eso?
- Te he cogido los panfletos porque me colecciono publicidad institucional, pero es que yo soy un poco expoescéptico.
- ¿Por qué? - me dice - Si la expo nos benefcia a todos.

Me enciendo.

- ¡Ah sí! ¿En qué te beneficia a ti la Expo?
- Pues me ha hecho conocer gente, hacer nuevos amigos, pasármelo bien y además entro gratis.

Genial. Tenía respuesta, pero ante tamaña muestra de erudición decidí pasar y encaminarme por el Coso al ritmo de letanía de cristal. Genial, volví a pensar. En cuanto pude me escapé por una de las calles laterales que van a dar a San Miguel y me dirigí a coger el 40 al Paseo de la Mina, donde una abuela me empujó hasta el límite del estruje en la puerta del autobús. "Hay gente que debería quedarse en casa..."

A las nueve y media, hora local acordada, estaba esperando a la cuadrilla para subir a la Oktoberfest y, después de TRES HORAS haciendo fila, comiendo hamburguesas, bebiendo zumo de cebada y fumando mucha mucha nicotina, logramos acceder al pabellón. No sé qué tengo últimamente que me volvieron a tirar los tejos. Supongo que en Pilares todos debemos estar super buenísimos, aunque quizá tuvo algo que ver el cabreo que me pillé cuando, después de la consabida cola, no tenían ni Franziskaner ni negra. A las tres volvimos a quedarnos sin autobús y diez coches patrulla de la Local nos recordaban que colarse está muy feo, así que, china-chana, cogimos camino hacia la gran urbe por los Pinares.

Propondría a Prames que balizase una red de senderos por los Pinares de Venecia, con su tronco principal con recorrido entre la Fiesta de la Cerveza (desde la misma carpa) hasta el Pabellón Interpeñas y que bien podría llamarse PR-Z-1. Incluiría topoguía "Recorridos etílicos por los Pinares de Venecia". A mis amigos les vendría bien, y la verdad, no quise discutir sobre el recorrido de las carreteras y como iba un poco contento y me daba un poco igual pasear un poco más bajo la luz de la luna entre pinos, decidí seguir a Vicente (¡a dónde va la gente!).

Al final llegamos a casa y se hizo el día siguiente, que no empezó hasta bien entradas las dos de la tarde. Comida y siesta. A las cinco de la tarde sali de casa para buscar a Diego y subir a la Feria de Muestras para dar una vuelta por los pabellones institucionales y de turismo. Pillamos unos cuantos posters y nos volvimos para Zaragoh!za, no sin antes gastar los dos vales de cerveza gratuita de los que disponíamos. Total, que en la barra de La Zaragoh!zana trabajaba un viejo colega de campamentos, Mario.

- Perdona, ¿tú te llamas Mario?
- Sí... ¡Y tú eres Alberto! ¡Cuánto tiempo!
- Sí, ¿qué tal?
- Bien. No te había conocido con esa perilla y ese peinado tan arriesgado.

¡Santo Cielo! Me habían dicho que me quedaba bien, que me quedaba mal, que parecía El Último Mohicano, y más con el pendiente, pero jamás me habían dicho que era un peinado arriesgado.

Ya en Zaragoh!za, subimos a casa a descargar los posters y nos dirigimos con mucho cariño a buscar a Jessy, la Ana, el Josa y un amigo suyo, a cenar. Habíamos quedado en el McMierdas de Plaza Redonda, pero claro, todo estaba petadísimo. Y dimos gracias a que la gente todavía no conoce el FrescCo, para poder ir a cenar allí.

Después de tres primeros, dos segundos y cuatro postres (no fue eso exactamente, pero queda muy bien decirlo así), nos fuimos Diego y yo a pelearnos con los yayos que andaban en las últimas filas del concierto de La Ronda de Boltaña, un concierto que mereció la pena, no sólo por los tres bises a los que ya nos tienen acostumbrados, sino también porque hacía falta caldear un poquito el ambiente de Pilares.

Después, madaleneamos un rato, viejas caras concoidas, algunas buenas, otras para el olvido, pero todas ellas viejas caras conocidas. Ya no sabes qué hacer, ya no sabes dónde meterte,... En la Plaza de Asso aparecen ocho palos. Y tres personas para danzar, Álbaro, Belén y Jessy. ¿Podré? ¿No podré? Pillé los palos, algún error tuve, pero finalmente salió algo decente: un pasacalles y una mudanza bailada en medio de la plaza.

Luego ya vinieron los desvaríos, los juegos y canciones de campamento, las visitas a por güisqui, los cigarrito-va-cigarrito-viene y así se hicieron las cuatro y media de la mañana, y se acabaron las grandes juergas de Pilares. Snif, snif.

¡Vivan los Pilares de 2007!

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