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Rincón Olvidado

El Estatut y el Estatutico

El Estatut y el Estatutico

Hoy, Trasobares, en su habitual columna de el Periódico de Aragón daba cuenta de las diferencias entre el "Estatut" catalán y el nuevo "Estatutico" que mañana será votado en el pleno de las cortes aragonesas. Valiente mamarrachada lo del diminutivo "-ico", propio del castellano de Aragón y no de las lenguas aragonesas, además de superficial y estereotipo de la idiosincrasia aragonesa.

Pero cuestiones lingüísticas aparte, la verdad es que algo de razón en sus planteamientos no le falta. Y es que, con todo el revuelo que se ha armado en Catalunya con el tema del Estatut tras el referéndum, los aragoneses vemos cómo nuestro Estatuto ni siquiera llena las portadas de los periódicos de aquí, sino que queda relegado a un segundo plano por el caos circulatorio de la Plaza Paraíso y por la nueva goleada de la selección en el mundial.

Que el Estatuto nos importa un bledo a los aragoneses es un secreto a voces, que los catalanes demostraron con la participación del domingo que, pese a lo que se aspiraba, también, es otro. Sin embargo, la realidad es que el asunto estatutario encierra un importantísimo calado no sólo en lo político, sino también en lo social. En el caso del estatuto catalán, éste recogía y completaba una serie de derechos sociales fundamentales, actualizándolos, que la propia Constitución ni siquiera mencionaba. Y no sólo eso, sino que además, una norma como el Estatuto es importante, no sólo porque va a regir la vida institucional de un territorio, sino también porque es un instrumento para profundizar ampliamente en asuntos sociales, que como para el Estado deben ser de menos importancia, se los han dejado a las Comunidades Autónomas para que hagan algo más que calentar un sillón.

Pero centrándonos en el grueso del debate en las Cortes aragonesas, Chunta no ha apoyado el texto, según dicen las malas lenguas, porque le faltaban dos palabras : "vinculante" y "catalán". "Vinculante" a la hora de referirse al informe aragonés sobre cualquier trasvase hidráulico, y "catalán", cuando se refiere a las modalidades lingüísticas propias de Aragón. Que no aparezcan estas palabras en el texto definitivo, le parece a Chunta motivo suficiente como para no apoyarlo y abstenerse en la votación de mañana, pese a los múltiples intentos de la Comisión Institucional de lograr un consenso.

Pero, ¿qué consenso? Aragón va a ser la única comunidad no gobernada por el PP en la que este partido va a apoyar un texto estatutario. Si esto sucede es porque realmente es posible que, a la hora de avanzar en la profundización del autogobierno, algo haya hecho mal la ponencia encargada de redactar el estatuto. Desde la Chunta, siempre han visto el Estatuto -con este mismo calificativo en boca de Chesús Bernal- como un tacatá, como un instrumento para avanzar hacia otras formas de organización territorial. Y parece ser que ahora, cuando este estatuto está a punto de salir adeltante, ya no existe esa visión. El nuevo estatuto asume más competencias para Aragón, pero no da ni una vuelta de tuerca más en el tratamiento de Aragón como nación, ni tampoco pone a Aragón al nivel de las llamadas "autonomías de primera" en el ámbito práctico, mediante la asunción de competencias más importantes, como la Hacienda Pública, pese a que reconoce conceptos tan conflictivos en otros lugares como los Derechos Históricos, que sólo aparecen en los Estatutos aragonés y navarro. Y en medio de esta maraña, se dice que Chunta no apoya el Estatuto sólo porque no aparecen dos palabras, dos palabras que avanzan en lo lingüístico y en lo socioeconómico, pero que no tienen nada que ver con la cuestión nacional. Sinceramente, no lo entiendo.

No estoy diciendo que el blindaje del Ebro y el reconocimiento del catalán no deban estar en el Estatuto, sino que no son los asuntos que, en primer plano, deben motivar la abstención -que debería ser voto negativo- de CHA. Cuando otros están debatiendo asuntos de mucho mayor calado, nosotros estamos debatiendo y poniendo el acento en el segundo plano de los debates de otros lugares, obviando el primero. Luego seguiremos quejándonos de que Aragón es una autonomía de segunda, pero ciertamente, tenemos lo que nos merecemos.

En todo caso, de nada sirve analizar todo esto, ya que según los procedimientos del Estado, que siempre tiene un último as en la manga, el Estatuto debe pasar su prueba de fuego más difícil, mayor aún que el acuerdo de Aragón: su aprobación por las Cortes Generales, previo recorte de su articulado. Algo a lo que ya estamos acostumbrados, al menos desde 1982, fecha en la que Aragón aprobó su primer tacatá y empezó a correr por los pasillos de las Cortes. Ahora motorizamos el tacatá, nos hacemos mayores y queremos el coche, pero se nos olvida añadirle el aire acondicionado, el ABS, el cierre centralizado, y lo más importante: la dirección asistida.

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