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Resumen
 Día 24 de mi odisea pirenaica, sentado frente a mi ordenador. Último día. La provincia de Uesca ya vuelve a quedar lejos, lo pongas como lo pongas. Y como los tres poderosos reyes que partieron peras al fondo de la Val d'Ansó, uno ya se siente dominador de si mismo y de algunas circunstancias de su vida. Como tres poderosos reyes. La Mesa d'os Tres Reis, Hiru Eregeen Mahaia, con mucha dificultad (¡gracias Fede!) pero -casi- alcancé el día 6 de julio la más temida cima del valle y considerada la de mayor altitud de Euskal Herria con un grupo de chavales que me transmitía sentimientos contrapuestos. Por un lado alegría de estar con algunos y algunas que has visto crecer y cambiar, para bien y para mal; por otro lado, dolor y cansancio, por otro tedio y agonía, pero también sentimientos de estar abriendo caminos con chavales de Mali, de Marruecos, de Bulgaria y de Aragón. Contrapuestos sentimientos que me hicieron sentir como tres poderosos reyes. Completo. Tan completo como me ha hecho sentir esta última semana en Botaya con otros reyes que se han hecho un hueco en mi vida últimamente. Sí, Zaragoh2no!za puede convertirse en un anexo pirenaico siempre que se quiera, en el fondo, formamos parte del mismo sistema fluvial, que geográficamente es lo importante. Sólo hay que proponérselo. Aunque la ciudad ha cambiado desde que me fui, no en su fisionomía, pero se avecinan tiempos revueltos. El Hay Untamiento ya no es lo que era, y no sólo por los sueldos de los concejales subiendo a ritmos desorbitantes, sino también por los cambios de las urnas después del 27 de mayo. Juventud ya no es una delegación más, ahora está integrada en Acción Social y el Mayor, que depende del Área de Presidencia y Acción Social, en manos del PSOE, al igual que el Instituto Aragonés de la Juventud y, además, según parece ser, el Distrito de San José lo presidirá amigablemente el Partido Aragonés. IAJ, Ayuntamiento y Distrito Municipal, como tres poderosos reyes. Pero tiranos. Y espero equivocarme. En fin, que vuelvo a la ciudad contrariado, pero como decía aquella canción, sin mirar atrás, pero sin ganas de olvidar. Etiquetas: vuelta, ciudad  Ante las reiteradas peticiones de esclarecer los hechos acontecidos el pasado 6 de julio en la Val d'Ansó, donde un reducido grupo de 17 chavales y tres monitores intentaron coronar la Mesa d'os Tres Reis / Hiru Eregeen Mahaia, este ávido bloguero -tan ávido como montañero (sic)- ha decidido desclasificar de su memoria la información clasificada y contar toda la verdad, sólamente la verdad, y nada más que la verdad, jurando sobre el Estatuto de Autonomía de Aaaragón.
No, como alguno ha comentado, la Mesa no era la mesa del bar del camping y los tres reyes no eran tres agentes de la nunca bien ponderada Benemérita que intentaban bajarnos a todos de la mesa con una cogorza implacable. No. Comentarios como ese no hacen sino doler el alma y cargar de ira a quienes, con su esfuerzo, marcaron el record de su altímetro de muñeca, prueba inequívoca de la hazaña realizada.
Serían las 05.50 am del día referido cuando a un servidor le sonó el despertador con el Ball de Benás (como ya viene siendo habitual) y abrió la cremallera de la tienda, sólo viendo oscuridad.
- ¡Genial! - pensé - ¡Aún no han puesto ni el camping!
Al rato, le dio por encender su frontal y descubrió que, efectivamente, el camping e incluso las montañas que iban a patear estaban puestas. Despertó a sus dos compañeros monitores y se dispusieron a despertar a los diecisiete gañanes y gañanas que plácidamente dormían en las tiendas de campañas contiguas, ajenos y ajenas al sufrimiento que les esperaba después de ser despertados.
Evidentemente, no despertaron a la primera y, mientras eran cohartados para despertar, se comenzó a preparar el desayuno. Claro que al final, entre pitos y flautas, se hicieron las siete y media como hora de salida, cuando el grupo comenzó a realizar los 6 kilómetros que separaban el Camping de Zuriza del Refugio de Linza. Allí, el ávido bloguero montañero ajustó su altímetro a la cota de 1330 metros, según mapa excursionista 1:40.000 de Editorial Pirineos. Retraso sobre la hora prevista: una hora.
Pero el retraso no era lo que importaba, sino nuestra predisposición a las cuestas. Comenzamos a subir a la Loma d'o Sobrante sobre las 08.40. Los primeros 200 metros de desnivel los hicimos en poco más de tres cuartos de hora, por lo que gozamos como perracas al pensar que el resto del camino sería tan fácil como lo que habíamos hecho hasta ese momento. Siguiente destino: el Cuello de Linza.
Yo ya empezaba a sentirme resentido en la ascensión, justo cuando un grupo de genuinos escaladores vascos acompañados de un grupito de aférrimos niños y niñas euskaldunes, que hablaban raro y que, mientras yo subía con la respiración entrecortada, la lengua fuera, los gemelos tirando, unos gotones de sudor cayéndome por la frente, la espalda rozando la mochila de 30 litros con quince barras de pan, sudando como un pollo, con los brazos calados y con sólo medio litro de agua, una niña, muy espabilada ella, muy rica, le suelta a una monitora, la misma que minutos antes había consultado conmigo el mapa buscando el camino correcto, con cara de indignada...
- ¡Oish! ¡Cómo se nota que no son euskaldunes!
Claro que en ese momento, a esa niña estúpida de las pelotas de 12 ó 13 años le hubiera respondido que Sabino Arana le comía la polla a mi tatarabuelo todas las noches, reconociendo la grandeza de la Historia aragonesa, mientras le daba lecciones de cómo inventar la vasca. Y que conste que respeto y comparto de siempre las reivindicaciones nacionales de los vascos, quizá por eso me jodió más el comentario. Pero no. Pasé de tener un conflicto internacional y me centré en llegar al Cuello de Linza, viendo cómo la cifra numérica del altímetro se eleva poco a poco.
Poco a poco los JuveLinos fueron llegando y, por supuesto, yo el último. Al acariciar al Cuello de Linza y buscar al grupo, un kaixo zer moduz? tras otro, me encuentro a un acampado, después de haber llegado hasta allí, con algunos ya como yo con la lengua fuera, HACER 20 FLEXIONES SEGUIDAS Y VOLTERETAS AÉREAS. En ese momento empecé a pellizcarme a ver si todavía eran las 04.30 y estaba soñando, pero el dolor concentrado en mis maltrechas rodillas aguantando todo el peso de mi culo y de mi barriga ternasquil-cervecera me hicieron darme cuenta de la cruda realidad.
- ¡Eso de allí debe ser la Mesa ya! - dijo uno.
Por los cojones. Ni la Mesa ni hostias. Vamos a empezar a bajar. Desesperación. El altímetro a 1900 metros y viendo cómo aquello era... ¡el segundo collado! Baja para abajo, 200 metros y date cuenta de que, contra todas las previsiones ¡NO HAY AGUA! Claro que en la cantimplora quedan... ¡gotas! ¡Oh por Dios! ¡Sólo gotas!
Vuelta a desesperarte, te tumbas en la parada y que sea lo que Dios quiera. Metros abajo habíamos decidido seguir a los vascos, que con eso de estar alcanzando la cima más alta de Euskal Herria, se la conocerían de memoria, pero no. Llegados a este punto hay que decir que lo normal cuando se ponen mojones es que señalen un camino, no que haya mojones en todos los sitios, señalando todo como camino a la Mesa de los Tres Reyes.
Después descubrimos que había tres caminos: cresteando las cimas hacia el este, difícil pero hermoso, sobre todo por la sensación del mar de nubes en la parte occitana. Otro, más claro, con senda y todo hacia el oeste, después de superar una zona de piedra. Y el difícil, el tercero, el que cogimos... vuelvete a bajar para abajo, por un lugar llamado A Solana (¡joder, qué solana, sí!), zona de lapiaces, preciosos pero para hacerse caquitas -¡qué profundidad y yo encima!-, bajar y volver a subir para pillar ¡la senda del segundo camino!
Cuando llegué abajo fue ya cuando dije que hasta aquí, cuando vi que eran casi las tres de la tarde y yo seguía allí plantado, con la cantimplora vacía y con la Mesa de los Tres Reyes al norte, a mi derecha, llamándome "Albeeeeeeeerto", mientras yo oía gritar al camarero del cámping de Zuriza que gritaba "Huevos fritooooooos y migaaaaas". Creo que ese fue el punto de inflexión que me hizo salir de mi mismo, convertirme en un ser irracional y tener una regresión a mi etapa de acampado... castor.
Me abalancé sobre un nevero y me puse a comer hielo como poseso. Quizá fue eso lo que produjo mi gastroenteritis, pero la implacable sequedad de boca en la que mi lengua quedó pegada varias veces al paladar me hizo tener aquel básico instinto animal. Poco a poco fui subiendo la montaña en plan cabrichuela, mientras Federo me esperaba sentado en una piedra, con una naranja en la mano, que nadie sabe de dónde salió -no estaban en el menú-, cual maná de Dios, a la que me tiré, según Fede, como un auténtico lobo, absorbiéndola y diciendo mi gran frase de la jornada: "No quiero su carne, quiero su jugo".
Una vez alcanzada la senda, las dificultades fueron menores de no ser que, además de tirar de mi mismo, tuve que tirar de dos gitanillos de la Madalena, que se negaban a subir mientas me preguntaban si llegábamos ya y afirmaban que nunca más vendrían a este Campamento, como si en ese momento me importase si al año que viene iban o no a repetir.
Miraba el altímetro. Ahora subía la cifra más y más deprisa. La cima estaba cada vez más cerca y un grupo familiar de montañeros me animó realmente a continuar en mi empeño de coronar la Mesa. Al menos para verla ahora tenía que elevar mi campo de visión en 40º. ¡Casi habíamos llegado!
Por fin, llego arrastrándome a mi y a los dos enanos a la Falsa Mesa. Sobre ella, la Mesa Real. Preguntó Federo a una pareja por dónde habían subido. ¡Claro, por la senda del oeste! ¡Cómo no la viste con sus baldosas amarillas de camino a Oz! En ese momento, intenté buscar a los vascos para arrascarles todo el vello púbico, pero recordé que ya habían dado la vuelta y empezado a bajar hacia Linza.
Decidimos hacer dos grupos. Uno se quedaría allí, acabando -o empezando- de comer y el otro atacaría desde allí la Mesa de los Tres Reyes. Claro que alguno dijo que para ver la maqueta de un castillo y una estatua de un santo de no sé qué no subía. Y se quedó abajo.
El grupo que subió arriba, continuó siguiendo los mojones y se pasó de largo, acabando en el Col de Lhurs, ya en el Estado francés, de 2.301 metros, frente a los 2.448 de la Mesa. Haber llegado hasta allí para eso...
Yo estaba en la Falsa Mesa, tumbado en el suelo, charlando con los chavales mientras veía cómo los cuervos se comían la tortilla (literal), pasando de todo lo que sucediese a mi alrededor y que no incomodase a los enanos. En ese momento, bajó el grupo. Serían las cinco y media cuando fuimos a hacer agua con hielo, aquaclean e isostar. Toda una pedazo de receta para nuestro estómago.
La bajada fue más fácil que la subida, pese a que las rodillas de algunos se empezaron a cargar y tuvimos que hacer dos grupos. La llegada definitiva al Refugio de Linza tuvo lugar sobre las diez y media de la noche, momento en el que me postré en la barra y pedí dos botellas heladas de litro y medio de agua. Una le llegó al Fede y la otra la engullí de un solo trago.
Desde allí sólo quedaba una pequeña marcha nocturna de ocho kilómetros que solventamos en poco más de una hora. Para que luego Jimmy no diga que JuveLino no hace marchas nocturnas y que los viejos valores scouts de Baden-Powell no se ven reflejados. Aquella noche sólo faltó un raid en plan sobar por el monte, pero la imagen de cinco acampados extranjeros alrededor del lumogaz haciendo lentejas no tuvo precio. Eso, y las migas para desayunar de la mañana siguiente.
El espíritu "montañero" de JuveLino, una vez más, confirmado. Al igual que la exactitud de las topoguías de Prames: "Fácil, con una pequeña trepada al final en la cresta de accso a la cima. El resto del itinerario discurre por MARCADO CAMINO, a través de hermosos pastizales y lapiaces". Etiquetas: ascensión, mesa, tres, reyes, crónica  Ayer por la tarde volvi a mi rincón olvidado del pueblo, y volví a ver el campo arado que había visto en abril, espero que con la cosecha ya recogida, como significando que alguien ha hecho más trabajo que el que yo no he hecho. La verdad es que últimamente estoy pensando muchas cosas y ayer, en mi rincón llegué a algunas conclusiones.
Yo siempre he confiado en la bondad de las personas, en que el ser humano es bueno por naturaleza, así, en plan Rousseau, cuando todo el mundo sabe que el romanticismo está más muerto que el mismo Dios que los ilustrados del XIX fusilaron. Matar a Dios para intentar alzar un humanismo desnaturalizado y que el propio capitalismo enseguida se encargó de fusilar con más ímpetu si cabe. Estaba claro entonces que el ser humano no era bueno por naturaleza, salvo que esa naturaleza fuese divina. Por eso me resisto a asesinar por doquier, aunque no sea por ganas. Pero bueno, que me voy, que este no es el tema...
Estaba en que confío en la bondad de las personas, por eso quizá, cuando menos me lo espero, ato cabos y me doy cuenta de que seguir encerrado en las mismas historias y personas no hace sino convertir mi vida en una de esas enredaderas que se enroscan a los árboles hasta casi ahogarlos y perturbar su vida para siempre. Claro que a veces a uno le da por ponerle nombres y apellidos a las enredaderas y liar el asunto bastante más.
Quizá sí que ya sea hora de pasar página a muchas cosas, de poner los pies en el suelo y convertirse en un árbol carnívoro, de esos que abren sus preciosas flores para luego cerrarse al paso de los moscones y alimentarse de su sangre. Pero es que tampoco quiero eso para mi. Ir de destroyer por la vida nunca fue lo mío, porque ni sirvo ni me parece lo correcto.
Claro que siempre uno puede hacer borrón y cuenta nueva y buscar nuevas personas, sin permitirles en ningún momento enredarse de nuevo al árbol. Porque es que uno peca mucho de idealista y, por ello, también de gilipollas.
Así que se acabó, se acabó de hacer el gilipollas por el mundo, se acabó de confiar en la bondad de la gente y se acabó de creer en las cosas a ciegas. Que luego nadie va a ciegas y todo el mundo está interesado en algo. Y claro, uno es que no se da cuenta hasta que no le cogen el teléfono en tres semanas... Etiquetas: rousseau, bondad, rincón, olvidado, amor, enrerdadera, árbol Liberados, sin más. Así se deben sentir los de la Chunta. Después de cuatro años escuchando de su boca cosas bonitas sobre Belloch, ahora resulta que todo está muy malito. Cualquier sandez, hasta lo de hacer navegable el Ebro. Dicen ahora los chunteros que se niegan a que el río se convierta en el parque de atracciones de Belloch cuando lo han estado permitiendo durante cuatro años y, aun todavía en la oposición, no se atreven a hacerle oposición a la Expo, el verdadero parque de atracciones, no sólo de Belloch, sino de todo el mundo. Pero es que se me olvidó que también lo era de ellos mismos, que planteaban emplazamientos alternativos a Ranillas hace tan sólo cinco años y acabaron llegando a un acuerdo con IberCaja-Aramón para que les comprara los terrenos y se los regalara por unos metrillos cuadrados en ArcoSur para hacer vivienda libre,... Mucho me temo que lo que vamos a ver en la próxima legislatura no va a ser una oposición contundente como la que nos tenía Chunta acostumbrados, sino una oposición de la era pop, una POPosición publicitaria en la que no importa el fondo sino lo estético de la forma. Claro, que el parque de atracciones lo tienen ya en Conde Aranda,... Etiquetas: POPosición, chunta
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Rincón Olvidado es doblemente estúpido"
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