Impresionante ver hoy el río en el Puente de Piedra después de dar una vuelta por el centro. Y la imagen retenida del río revuelto tras pasar por los arcos del puente, rompiendo en el sosiego del remanso junto al Pozo de San Lázaro. Al fondo, la imagen freak-gay del día: el puente de hierro con sus lucetas de color, todas y cada una y sin sobrar ninguna, formando la bandera arco iris y reflejándose en el río, mientras la procesión del martes santo pasa por el Puente de Hierro y la luna llena sale por detrás del de Las Fuentes.
Al llegar a casa he puesto el canal 24 horas para ver las noticias y la noticia ha abierto el informativo de las 11. Y ha salido el presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro diciendo que, en algunas zonas, el Ebro se iba a "desbordar involuntariamente". Y he pensado, "hola, mira, que soy el Ebro, yo no tenía intención de desbordarme, pero no me ha quedado otra opción, así que ruego que me disculpen". No obstante, he pensado, que la voluntariedad del desbordamiento iba más bien relacionada con la voluntariedad de las administraciones que han tenido cuatro años para construir las motas de protección y lo están haciendo la noche de antes, deprisa, corriendo y mal. Porque señores, si las administraciones han dicho que nos tranquilicemos y que no pasa nada, lo único claro es que va a pasar, y gordo. Me veo cruzando la Avenida de Cataluñaa nado, y entonces veremos lo que es una avenida de verdad. Yo, con tal de ver a Fluvi™ tragado por el Pozo de San Lázaro me conformo, porque reirme por lo que le espera a las obras de la Expo no sería políticamente correcto.
Por cierto, y cambiando de tema, esta tarde he estado en la Fnac, cambiando el regalo de mi hermana y, sí, cambiar algo en la Fnac es una odisea que nunca termina. Uno empieza en información, pasa por post-venta, coge lo que quiere, vuelve a información y luego pasa por caja. Todo esto teniendo una caja en información, otra en post-venta y, por supuesto, en la línea de cajas... ¿No es más fácil pasar por información y punto? O sólo por post-venta... Pues no, recorridito por la Fnac, y de paso te pillas un libro.
Aunque, lo mejor del día ha sido la sentada en la Plaza de la Diputación esperando a Luismi. Se me ha sentado un transeunte y me ha empezado a contar su vida. En un momento de la conversación -por supuesto, entretenida- me ha pedido que le liara un cigarrito de grifa. ¡En medio de la Plaza de la Diputación con la Policía Local cortando para que pasase la procesión de viernes santo! Vamos, que no me cuesta nada liar un mai, pero las escaleras de la diputación no es lugar para hacerlo...
En fins, día cargadito hoy. Y cuando he salido de casa me lamentaba porque llevaba cinco días sin darle un meneo a esto...
Lo reconozco, me tengo prohibido hablar aquí de Fe, pero es que hoy es un día especial. Es miércoles santo y los días santos están ya a la vuelta de la esquina. Lo sabemos en Zaragoh2no!za porque las procesiones nos cortan el centro y el autobús da más vueltas que un pato mareado en un garaje. Pero la semana santa no es eso. Conozco a multitud de cofrades que no sienten para nada a Jesús de Nazaret ni jamás han hecho suya la opción por los pobres que predicó, ni siquiera van a misa como los buenos cristianos que echando la limosna en el cepillo se sienten amados por un Dios que no les pide otra cosa.
Hoy, decía, es miércoles santo y mañana ya se celebra la última cena, ese gran momento en el que las enseñanzas de Jesús se hicieron realidad. Y hay quienes todavía hoy, dos mil y pico años después, las tenemos como referencia y nos sentimos parte de esa comunidad que nos hacemos llamar cristianos. Y miramos a la Iglesia con amor, con el amor que se mira a un igual, con sus imperfecciones, y la queremos, pero a la vez la vemos como algo muy anticuado, alejado de la realidad y lleno de jerifaltes perdidos en el dogma. Nos comprometemos con nuestras realidades pequeñas, con nuestras parroquias, con nuestros movimientos, con nuestros barrios y, de vez en cuando, nos juntamos para celebrar. Y mañana es uno de esos días en los que los que nos llamamos cristianos vamos a celebrar juntos nuestras propias realidades, nuestras propias batallas en la construcción del Reino y nuestras utopías. Y lo haremos teniendo presente a ese Jesús de Nazaret, amigo de los borrachos, de las prostitutas, de los fariseos,... Tendremos presente a un Jesús de Nazaret que hoy sería amigo de los inmigrantes, de los yonquis, de los homosexuales, lesbianas y transexuales, de los pobres, de los discapacitados, de los débiles, de los que no tienen que comer, de los gitanos que todavía viven en infraviviendas, de los jóvenes que viven en casas de 30 metros y sufren la precariedad laboral, de los que han perdido el rumbo. La lista se hace interminable...
¿Dónde están Blázquez, Rouco o Ratzinger cuando estamos con los amigos de Jesús con los que día a día compartimos nuestras vidas? ¿Están lo demasiado ocupados para mantener una estructura de poder que nos impide trabajar día a día con los últimos, reduciendo los problemas sociales a actitudes personales, criminalizando el amor de las personas del mismo sexo o incluso preocupándose de negociar el porcentaje del IRPF que dedicarán a mantener su estómago lleno? Lo siento, pero esta no es mi Iglesia. Mi Iglesia es la que estará mañana, reunida, alrededor del pan y del vino, escuchando la Palabra, orando de la mano y compartiendo la esperanza que nos trajo un tío que el César, el Poder se cargó en la cruz por defender a los últimos. Todo lo demás me sobra.
Desde allá arriba se divisa una panorámica de todo el pueblo. Apoyado en la chimenea del tejado me enciendo un cigarrillo, mientras escucho Coldplay. Al fondo se ve llover y detrás de mí, el ocaso imperceptible detrás de las nubes.
Es viernes santo y sobre el monte no hay cruces, hay aerogeneradores moviéndose ritmicamente, acompasados con la música. Hoy las cruces son de este mundo, son de las personas que soportan su muerte, pero no esa muerte real que en muchos casos la medicina salva, sino esa muerte que no tiene cura, la muerte del espíritu, esa que te aleja de tu propia vida y te convierte en un simple ser productor y consumidor, una máquina al servicio del capitalismo.
Allá abajo, Tarazona. El sonido de los tambores llega hasta aquí, y se mezcla con el de la moto que salta de bancal en bancal, junto al pantano que queda detrás de la almendrera. Empieza a gotear y me mojo, pero prefiero no resguardarme. Pese al frío, la lluvia húmeda me gusta y me hace sentirme parte del real ecosistema. Me siento en equilibrio con todo, pese a que hoy es día de muerte y desde aquí veo lo que fue el calvario. Quizá es porque me sé el final de la historia, machacada una y otra vez en el colegio de crío. Y por eso mantengo la esperanza.
Recuerdo a mi gente, que hoy no está aquí conmigo, y me enfrento a la muerte yo solo, con mi desierto, pero con un camino a Emaús vacío, con la compañía vana de una PDA que me escucha pero no me comprende, que sólo se limita a almacenar mis reflexiones en 128 megas de texto.
Y, sin embargo, me siento uno con ell@s, en la distancia y unido en la común unión de anoche, en la fiesta no solamente de la esperanza, sino también de la realidad del día a día que compartimos juntos, el día a día de nuestros compromisos y nuestras realidades, de nuestros retos en común, que pese a la distancia también ayer compartimos junt@s. Y eso tan mágico es la comunidad, es ser Iglesia, pero la verdadera iglesia, la de las mayúsculas, no la de las normas y dogmas que jamás descubrirá el secreto de ser diferentes, con nuestras vidas y sentimientos, y estar distantes; y sin embargo ser uno.
Es triste, y parece que a muchos no les interesa otra cosa, pero es que además de la destrucción social y económica de los valles, también puede pasar esto:
Y habla la ETB. ¿Alguien ha visto algo en Aragón Televisión?:
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Hay veces en las que uno tiene muchas cosas que contar sobre su vida, pero no lo hace; se calla. Intenta disfrutar uno sólo de lo que pasa y saborear cada momento, cada palabra, cada mirada y cada gesto. No pensar, sino dejar que las cosas fluyan por si solas y disfrutar de ellas tal y como son, sin rayarse por estúpidos planteamientos sobre lo que la sociedad espera, lo que está bien o está mal, sobre lo que uno debería (maldita palabra) hacer en cada situación.
El fin de semana ha sido largo y lleno de cosas que hacer. Desde el mismo viernes hasta el domingo se han sucedido los compromisos, que si el Consejo de la Juventud con su concierto, que si el curro y la visita al Centro Hípico, que si el traslado de materiales de JuveLino y mil monsergas más. Sin embargo, hubo un punto de inflexión en este fin de semana que me va a hacer recordarlo durante tiempo. Y, como decía al principio, simplemente, no se trata de un elemento más a la espesa lista de intentonas. No lo quiero ver así, lo que quiero es verlo como algo que sucedió y que hizo que todo fluyera, en un espacio-tiempo determinado, en el que todos los elementos de la vida en general y de la mía en particular estaban en armonía y tenían su por qué y su relación.
Encaro pues la recta final de abril con mucha ilusión, porque ha llegado la primavera y porque por fin veo la luz al final del túnel al que me he referido en todos estos meses. El perro del hortelano desapareció de mi vida, al fin, que ya era hora, y no es que tenga algún tipo de rencor. Simplemente, la culpa no es suya, sino mía, porque he visto las cosas con demasiadas ideas preconcebidas y con muchas presiones. Simplemente, el truco está en dejar que las cosas pasen. Y no es quitarles la importancia y hacerlas porque sí, sino no obsesionarte en lo que tú quieres de ellas, porque la vida, muchas veces, es saber adaptarte a lo que todos queremos. Y así ha sido este fin de semana, al menos, desde el punto de inflexión.
Escuchando.- Lista de reproducción combinada de Deluxe, Beyoncé y Coldplay.
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Hoy he vuelto al manantial de las aguas prohibidas, ya no me importa mojarme, ya no me importa mojarme,.... Y aun es pronto para ver si fue un sueño pasajero, si lo echaremos de menos, si lo echaremos de menos,...
Tendremos que esperar y curarnos las heridas, que no quiero tropezar, que no quiero tropezar, Tendremos que esperar.
De pequeño, al lado de la casa de mi abuela en la calle Lausana vivía el caballito Furia. Furia era un caballo bien hermoso, de estos que cabalgaba echándole una moneda de cinco duros, pero de las viejas, de las que no tenían agujero. Furia hablaba de vez en cuando y te invitaba a subirte a su lomo y viajar por todos los países del mundo. Pero un día, Furia desapareció para siempre de la puerta de aquel comercio de la calle Lausana y con él se fueron las ilusiones de viajar y de escapar de aquella ciudad que ya de pequeño odiaba.
El sábado me monté de nuevo encima de un caballo. No era Furia, pero a cambio era un caballo de verdad. No me llevó a otros países ni me hizo viajar lejos, tan sólo dio vueltas por el mismo recorrido, pero me acordé de Furia, y vi que, como siempre, los sueños e ilusiones de cuando eres niño se acaban diluyendo con el paso de los años.
Una de las películas que marcó mi infancia fue Pedro y el Dragón Elliot (Pete's dragon), que narra la historia de un niño huérfano que escapa con la ayuda de un dragón de la nefasta familia de adopción que le compró. Llegan a un pueblo llamado Pasamaquoddy, donde conocen a Nora, guardiana del faro, que se hará cargo del niño, devolviéndole su felicidad. Quizá mi apego por esta película haya jugado un importante papel en mi actualidad, aunque algunos de mis amigos, al ver el vídeo, hayan comprendido muchas cosas.
Hoy, después de comer, he estado viendo la película y emocionándome, una vez más, con cada una de las escenas con las que me emocionaba cuando era crío. Como la peli, además es un musical, he acabado toda la tarde tarareando las letras, ¡que me las sabía de memoria!
Sí, lo reconozco. Desde que un día se me acabó el Axe Phoenix (el Marine aburre y da asco incluso) y mi hermana me prestó su Rexona con olor a rosas, uso desodorante de tía. Pienso que esta es la razón por la que últimamente estoy tan moñas en el blog, y no realmente porque, como especulan algunos, me haya inyectado batido de fresa en vena. Es más, desde que me he abierto fotolog estoy más moñas aún, por eso de pretender transmitir estados de ánimo con imágenes.
Os prometo que a partir de ahora me voy a quitar el gotero de batido de fresa y me voy a enganchar al de Ámbar, a ver si de esta manera consigo dejar de estar tan moñas en el blog y estarlo con quien realmente lo tengo que estar... Lo primero, va a ser cambiar en el Winamp a Duncan Dhu por Motorhead, Iron Maiden y Blind Guardian. A ver si así me entra la razón y dejo de poner chuminadas de faros bailando mariconadas al son de música realmente vomitiva.